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“Hay que sacar la política de adentro de las distintas instituciones agropecuarias”, dijo Vázquez Platero

3 de agosto de 2021

Entrevista con Roberto Vázquez Platero, consultor privado, exministro de Ganadería y expresidente del INAC, quien analizó la actualidad del sector y planteó el camino que se debería recorrer pensando en el futuro del país.

El exministro de Ganadería, Agricultura y Pesca y expresidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Roberto Vázquez Platero, analizó el inicio de la actual gestión de ambas instituciones, además de hacer foco en el resto de la institucionalidad agropecuaria, con una mirada crítica y planteando el camino que se debería recorrer. En esta entrevista con VERDE, el actual consultor privado, planteó qué debe hacer Uruguay para posicionar su carne con diferenciación en los mercados de alto valor, y dejó varias frases polémicas. 

Vázquez Platero enfatizó que los institutos deben tener una menor participación pública, y que deben ser dirigidos por productores que hayan demostrado capacidad para hacerlo, lo que no quiere decir dejarlos en manos de las gremiales, explicó. En ese sentido, puso como ejemplos los organismos cárnicos de Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda; y a nivel local destacó el funcionamiento de FUCREA. 

¿Qué lectura hace del cambio de ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca?

Conozco mucho mejor a Fernando Mattos que a (Carlos María) Uriarte. Con Fernando estuve varios años en la junta del INAC. Sé cómo piensa, sé que si puede llevar adelante las ideas en las que cree, las cosas van a andar muy bien. También creo que es importante que haya cambios, porque el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) no ha encarado cambios importantes. Por supuesto que hay que enmarcarlo dentro de esta pandemia que es complicada. Pero creo que es importante llevar adelante algunas reformas, sobre todo cuando venimos de 15 años de gobierno del Frente Amplio, cuando no se hicieron una cantidad de cosas que se tendrían que haber hecho y las que se hicieron fueron malas. A pesar de eso los resultados fueron buenos, mientras los precios de los productos del campo fueron buenos. En los últimos años, a nivel de país, no solo en el sector agropecuario, se complicó mucho la situación económica, las tasas de crecimiento fueron muy bajas, o sea que la economía llegó a la pandemia en una situación muy frágil y es necesario encarar una nueva etapa. 

¿Qué análisis hace de esos 15 años pensando en el sector agropecuario?

Uno tiene que ver al país en su conjunto. Fueron años en los que el gobierno gastó exageradamente, se endeudó e invirtió mal. Sobran los ejemplos de inversiones inútiles y no se hicieron las inversiones que hubieran servido al sector agropecuario. El gobierno de las instituciones fue muy pobre a pesar de la abundancia de recursos y los cambios de políticas fueron en general en la dirección equivocada. Estuvimos muy cerca de que se interviniera en los mercados de haciendas y carnes. Los mercados tuvieron precios extraordinariamente buenos, sobre todo hasta el 2012 o 2013, y al amparo de esa bondad se hicieron grandes disparates, como por ejemplo una ley de biocombustibles, que votaron todos los partidos alegremente y hoy estamos pagando las consecuencias. En lo que refiere al acceso a mercados, el país estuvo paralizado mientras nuestros competidores hacían acuerdos de libre comercio que les permitían cobrar mucho más por sus productos. No hay nada que uno pueda rescatar como cambios muy positivos de esos 15 años. Entonces, hoy uno mira para adelante y dice: ¿Hacia dónde estamos yendo? ¿Vamos a seguir en lo mismo? Uno espera cambios importantes y creo que Uriarte tuvo un período muy complicado con la pandemia. Fernando es un hombre que tiene las ideas muy claras.

¿Falta un plan para el agro?

No creo que sea cuestiones de planes; hay que mirar a futuro. No se puede gobernar esperando que los productores nos digan lo que hay que hacer. Mirar el futuro quiere decir mirar el país para adelante y construir cosas que  sirvan más allá de la coyuntura. Siempre traté de hacer las cosas mirando al futuro. La Ley Forestal, normalmente se dice que es una política  de Estado. Lo que no se dice es que la forestación en 1985 en este país era caótica, que después de veinte años con varias leyes se plantaban 2 o 3 mil hectáreas por año y había 170.000 hectáreas forestadas de pobre calidad maderera. No había madera ni para cubrir la demanda interna. En seis meses hicimos una ley, que entró al Parlamento en noviembre de 1985, mediante la cual se crearon los estímulos que permitieron la transformación del sector y llegó a ser el que todos hoy conocemos. Hubo técnicos que nos mostraron un camino, nos mostraron una situación muy mala en la forestación nacional, pero había buenas perspectivas y posibilidades. Hicimos una ley y un plan de créditos acorde a la forestación, y las cosas anduvieron bien. En materia ganadera, y con el invalorable apoyo y conocimiento del doctor Carlos Correa, decidimos que este país tenía que erradicar la fiebre aftosa. Se inició un plan de erradicación y a los cinco años Uruguay no tenía más focos, después de haber pasado por años con 300 y 400 focos. Y como esas tantas otras cosas. Ahora tenemos que mirar para adelante. El mundo del 2020 no es el mundo del 2000. Entonces, tenemos que mirar en carne, en lácteos, en granos, en frutas, lo que el mundo está consumiendo y ver los cambios de actitudes y comportamientos que esperamos para el futuro. Hoy miro el mundo de la carne y digo: Uruguay está bien en la situación de hoy, pero es una situación en la que seguimos dependiendo mucho de China, Europa y Estados Unidos. ¿Tenemos una estrategia clara? ¿Hacia dónde vamos si mañana nos falta alguna de esas patas? No tenemos la respuesta. En el mundo se está desarrollando y poniendo foco en lo sostenible, en la ganadería sostenible. Australia, está al lado de China, pero no es su principal mercado; es el nuestro que nos queda a miles de kilómetros. 

Australia se propuso el desafío de que en 10 años su carne sea carbono neutro. ¿Cree que en Uruguay tenemos una línea clara en ese sentido?

Vi hace poco que empezamos a medir, lo que Australia comenzó a realizar hace 10 años. Por ahora no creo que los consumidores dejen de comer carne por cuestiones ambientales. Pero sí observo que los supermercados como Ahold, Tesco o Costco, los grandes abastecedores y vendedores de alimentos en el mundo, empresas como Nestlé, Danone y Unilever, tienen una gran preocupación por la sostenibilidad. Eso nos tiene que hacer reflexionar. Hay supermercados que tienen prohibida la venta de carne de Brasil, por problemas de deforestación. Esas son pequeñas puntas que hay que empezar a mirar. Y además, veo que competidores nuestros, como Australia y Nueva Zelanda, ya hace 10 años que están trabajando en el tema. Lo primero que hay que hacer es medir esa huella de carbono. Ya lo tendríamos que tener, porque además no le faltaron recursos a nuestros organismos vinculados al agro. Tendríamos que tener perfectamente bien medida la huella de carbono de nuestra ganadería, cuánto emiten y cuánto secuestran nuestros sistemas productivos.

¿Cómo ve las oportunidades y desafíos de la carne vacuna?

Primero miremos cómo hacen las cosas los que son líderes realmente, como Australia o Nueva Zelanda. Hace 50 años Argentina era el primer exportador y Australia el segundo. Cuando se creó la Unión Europea,  la Comunidad Económica en ese momento, Australia se quedó sin el Reino Unido que era su gran mercado, y tuvo que cambiar el rumbo. Estados Unidos empezaba a demandar carne y Australia fue su gran abastecedor. En ese momento tomaron gran fuerza los feedlots, lo que determinaba que el mercado de Estados Unidos iba a necesitar carnes magras, que los países de Oceanía abastecieron inmediatamente con carne de vaca. Pero después empezaron a descubrir oportunidades en Asia: Japón y Corea. Esos son sus principales mercados hasta hoy, a pesar de que tienen a China al lado. El cuarto mercado de Australia son los segmentos de alto valor de países asiáticos. Australia ya cambió su estrategia. Ya no es un tema de países, sino que cuenta con muy buen acceso a muchos mercados y en cada uno de ellos se posiciona y vende en el segmento de más alto valor, y su producto es destacado. Eso contrasta notablemente con lo que hace Uruguay, que vende siempre a los mismos mercados y segmentos. En el año 2000 había una cifra preocupante, Uruguay le estaba vendiendo el 75% de su carne a Estados Unidos. No es bueno tener tanta concentración en un solo mercado. A Estados Unidos siempre le vendimos carne congelada fundamentalmente, para industria. No era bueno aquello y no es bueno lo que está pasando con el actual esquema, porque si mañana tuviéramos un problema o producimos mucha más carne ¿a quién le exportamos? El gran desafío cuando uno produce más es seguir vendiendo a precios  altos. Entonces, miremos lo que hacen otros. 

¿Cómo inciden temas como la sostenibilidad o la calidad del producto en el posicionamiento de la carne uruguaya?

Hoy para la gente no es el factor clave, porque todavía no dejan de consumir por temas ambientales, pero sí hay una gran preocupación entre quienes compran la carne, de los supermercados, de las empresas vendedoras de alimentos, de los restaurantes. McDonald´s, por ejemplo, tiene una política especial en materia de sostenibilidad. En la demanda vemos que esos vendedores de carne, por distintos motivos se preocupan, y tienen una política de sostenibilidad cada vez más exigente. Algunos lo hacen como una estrategia de marketing; otros porque realmente están preocupados por el cambio climático y el futuro abastecimiento de materias primas; otros lo hacen porque notan que hay una preocupación a nivel consumidores, pero sea por lo que sea, la demanda está moviéndose en esa dirección. Es muy fácil encontrar estándares, protocolos y requerimientos. Con el tiempo vamos a ver que será cada vez más importante, no se va a desinflar. Por otro lado, nuestros competidores también se mueven. Australia hace 10 años que está trabajando en esto y hace unos cinco o seis años que tiene un marco, especialmente en el tema carne sostenible. Lo mismo en Nueva Zelanda. Creo que son temas en los que hay que trabajar seriamente. Nos hemos dejado estar. En los últimos 15 años no se hizo prácticamente nada importante. La trazabilidad que tenemos, implementada por un buen gobierno en el período 2000 a 2005, después de la aftosa, es un gran valor y absolutamente necesaria para cualquier tipo de diferenciación, incluida la sostenibilidad. Pero Uruguay tiene que desarrollar mucho más la capacidad de medir los impactos de nuestros sistemas de producción. Me imagino un futuro en el que siempre va a haber oportunidades de vender carne, por más que haya competencia, pero cuanto más la diferenciemos y adecuemos a lo que los consumidores quieren, mejor. Eso quiere decir que vamos a tener que medir los atributos propios de la carne y una cantidad de procesos vinculados al sistema de producción. Entre esos procesos está la huella de carbono y también la calidad de la carne. Tenemos que saber y comunicar con precisión cuán lejos o cuán cerca estamos de lo que el consumidor espera de nosotros.

Hay que acercarse más al consumidor para saber qué percepción tiene de nuestro producto.

Es absolutamente necesario conocer al consumidor en todos los mercados. Si queremos diferenciarnos, ese es un camino importante para recorrer en el futuro. Si queremos tener más valor por nuestra carne, ese es el camino que tenemos que recorrer. Es lo que hace Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, tratar de diferenciarse. Nosotros nos hemos diferenciado en alguna medida. Somos un país que tiene mucho mejor confianza, sobre todo a nivel de intermediarios y agentes comerciales. Uruguay se ha ganado la confianza en muchos mercados, pero ahora tiene que lograr que el consumidor, cuando come carne, sepa que está comiendo carne uruguaya, que la prefiera y la elija frente a otras. Ese es un camino en el que hay que trabajar mucho. Esa diferenciación de mercados, de cliente, termina con una valorización del producto. 

¿Entiende que se está trabajando para alcanzar ese objetivo?

Creo que se está trabajando poco y no con la fuerza que se debería trabajar. Hay que ver quién se ocupa de cada cosa en otros países. Creo que los que tienen que trabajar en esto son los productores, y ahí vamos al tema de las instituciones. Las instituciones en otros países son manejadas por los productores. Los frigoríficos se dedican a faenar, a veces son también exportadores, y otras veces son los exportadores y no los frigoríficos los que están más en contacto con el mercado. El rol del productor es muy importante porque nadie puede diferenciar algo si no hay una cadena armónicamente organizada, y el factor más importante es la producción.

Pero acá, en general, se espera que lo haga el gobierno.

No creo que sea el gobierno el que lo vaya a hacer. Veamos los casos de éxito, ¿cómo han evolucionado las instituciones en otras partes del mundo? Si miramos la evolución es bien clara. Primero eran organismos del Estado que fundamentalmente regulaban el comercio exterior; después empezaron a ser instituciones del Estado, pero no tan reguladoras sino que controlaban y promovían; y luego pasaron a ser instituciones de los propios productores, que son quienes tienen que hacer el gran trabajo. 

¿Usted ve a los productores de Uruguay con el esfuerzo y la tenacidad para encarar un proceso de estas características?

Hoy no los veo. Hay dos trabajos diferentes. Una cosa son las asociaciones de productores, que desarrollan la actividad gremial en defensa de los intereses del sector, cosa que hacen muy bien, pero que por su propia naturaleza atiende temas de coyuntura. Otro trabajo muy distinto es la  capacidad de organizar organismos para proyectar el futuro. Esto último en Uruguay no está ocurriendo. De hecho, hemos tenido en muchos casos organismos públicos y  paraestatales manejados por productores y no han funcionado muy bien. El hecho de ser productor no da garantías de que el organismo vaya a andar como uno quisiera que anduviera. Puede ser que haya productores que lo hagan muy bien y otros muy mal. Claramente a este tema no lo va a hacer el gobierno solo, ni los frigoríficos solos. El rol del productor es absolutamente esencial en este tema. Y el manejo de las instituciones agropecuarias por productores no nos ofrece las mejores garantías.

¿INAC es quien debe encarar ese trabajo?

INAC tiene un rol, pero hay cosas que van para atrás y para delante. No es bueno que la orientación institucional cambie con cada gobierno. En nuestra época tratamos de que fuera un organismo pequeño, muy concentrado y dirigido hacia el mercado externo, con mucha capacidad de investigar, conocer los mercados y transferir esa información hacia atrás en la cadena, ayudando a que los productores hagan su trabajo. Los últimos años no se han caracterizado por eso.  INAC se ha convertido en un organismo mucho más grande de lo que era, con una visión ideologizada de los mercados y una tendencia a trabajar en el mercado interno. No comparto la línea, y muchísimo menos comparto la línea de lo que se propuso en la Ley de Urgente Consideración en este gobierno. No podría estar más en desacuerdo con un organismo como INAC, que en vez de tener su prioridad puesta en mirar ese futuro, la sostenibilidad, cómo podemos valorizar mejor la carne, se dedique a controlar las carnicerías del interior. Es absolutamente incompatible una cosa con la otra. Tampoco estoy de acuerdo con la creación de nuevos organismos como el Instituto de la Granja y el Instituto de Bienestar Animal. Ni quienes los propusieron saben bien para qué los quieren. Agregan burocracia a una institucionalidad que ya tiene demasiada. 

¿Entonces INAC sería la institución para trabajar en la diferenciación de los productos, inteligencia de los mercados y demás?

Tiene que haber una institución que haga mucho en ese sentido, pero no necesariamente es el INAC como lo tenemos hoy. El Poder Ejecutivo nombra a un presidente, que un día va para un lado y al siguiente cambia el rumbo en cuestiones sustanciales. Hay que mirar al mundo. Los productores en otros países se sienten más dueños de los organismos. Hoy le sacaría a INAC todas las actividades de contralor que tiene y que no agregan mucho al trabajo de la cadena, derogaría los impuestos de aporte y transferiría a los productores la responsabilidad de financiar con sus propios recursos, gobernar y decidir qué organismo quieren proyectar hacia el futuro. No estoy seguro de que necesariamente la industria tenga que participar. La figura que tiene INAC hoy, con una ley que lo obliga a hacer cosas que desde mi punto de vista no son las que tiene que hacer, no es la mejor. Pero eso no quiere decir que no haya lugar para un organismo moderno y pequeño que sea capaz de crear valor para toda la cadena. Al analizar lo que ha logrado el MLA (instituto australiano de la carne y el ganado), el USMEF (Federación de Exportadores de Carne de Estados Unidos, por su sigla en inglés), resulta evidente que hay un trabajo a desarrollar y que un organismo con esas características debe existir. Esa es la gente que creó valor e hizo que por cada dólar que la cadena invirtió en investigación y promoción, el retorno se multiplique por siete u ocho. La línea evolutiva en el mundo ha ido en ese sentido, pero tiene que haber un compromiso muy fuerte para mirar hacia adelante y, en función de eso, tomar las mejores decisiones para la cadena; pero no lo hemos visto hasta el momento. El MLA es radicalmente diferente al INAC, porque es propiedad de los productores y el Beef & Lamb New Zealand es parecido. Esas cosas han evolucionado mucho en el mundo y tenemos que pensarlas. La política se ha metido demasiado. Además, hay cosas que son difíciles de entender, como lo que hizo este gobierno en apoyo de reclamos de nadie sabe quién. ¿De dónde sale la urgencia de que un organismo pase a controlar las carnicerías del interior? ¿Esa es la visión de futuro que tenemos de la carne en Uruguay? Tiene que haber organismos que se dediquen a controlar el abigeato, pero no se lo pidamos a INAC que lo haga, porque va a terminar haciendo muchas cosas y todo mal.

¿Cómo observa la discusión global entre la carne producida a corral y a pasto?

No tenemos que mirarlas como excluyentes una de otra. Cada una tiene su espacio de mercado y lo importante es aprovechar todas las oportunidades. En general la carne de corral es considerada de mayor calidad. En Uruguay nos estamos acostumbrando a comer carne de corral. La carne a pasto tiene otras características que determinados segmentos de consumidores prefieren, acá y en todo el mundo. No tiene por qué competir una con otra. Lo que tenemos que tener claro es que en algunos mercados vamos a vender carne a pasto y en otros de feedlot. ¿Qué pasa en otros países? Cuando le van a vender a Japón hacen un producto que está diseñado para ese mercado y tiene muchísimo grano, pero hay otros mercados donde el mismo país vende carne grass fed (a pasto). No hay una mejor que la otra. Hay consumidores  que se preocupan mucho por la grasa y quieren carne de pasto y a quienes no les importa. Tenemos que conocer hacia dónde van los consumidores, y que la cadena tenga la capacidad de responder a cualquiera de las alternativas. 

¿Cree que hay que reformular la institucionalidad agropecuaria?

Sí, definitivamente y para empezar hay que dejar de crear nuevas instituciones paraestatales y cerrar algunas que ya no cumplen ninguna función relevante. Tenemos muchas más de las que necesitamos. Lo primero que uno tiene que preguntarse cuando está frente a una institución es: ¿qué pasaría si esta institución no existe? Uno de los ejemplos más claros es el del Instituto Nacional de Colonización. ¿Para qué lo tenemos? Lamentablemente ha sido fuente de acomodos y entregas de campos para los amigos y políticos. Son cosas que tenemos que terminar. Después de eso tenemos que asegurar una buena calidad de gobierno y gestión de aquellas instituciones que si son necesarias, como es el caso del INIA. En 1985 la investigación y extensión eran  parte del MGAP. El Estado concentraba tres roles: decidía la estrategia, financiaba la investigación y realizaba en sus propias estaciones toda la investigación. Eso cambió, trabajamos en una ley basada en la separación de las tres funciones y, a partir de allí, se creó un organismo. Primero, la financiación no tenía por qué hacerla solo el Estado, entonces los productores empezaron a pagar un impuesto para financiarlo y una parte equivalente era aportada por el Estado. En segundo lugar, la parte estratégica no solo era del Estado sino también de los propios productores, que participaban en el gobierno institucional a través de la junta directiva, donde fui responsable de insistir que FUCREA la integrara. Y la investigación, no tenía por qué hacerse exclusivamente en las estaciones experimentales, sino que se le asignaron recursos al INIA para que financiara investigaciones de terceras instituciones, mejor capacitadas para investigar algunos temas. Ese fue el origen de los FPTA que apuntaban a la existencia de un sistema de investigación en lugar de un organismo aislado. El INIA también debe tener la mirada en la investigación a futuro. Hoy no estoy convencido de que se hayan hecho todas las cosas de la mejor manera, pero la única forma de saber es con evaluaciones para ver cómo funcionan los organismos. Creo que es importante que el INIA exista, por su cometido esencial de investigar y generar conocimiento. Y es importante la presencia del Estado, por la naturaleza de bienes públicos en muchos de sus productos. Pero debe tener prioridades bien definidas, mirando a los mercados para transferir conocimiento hacia las distintas cadenas productivas. Hay que pararse en el camino, mirar cómo anduvo el INIA desde hace 30 años, cuando contó con muy buen financiamiento y ver cuáles fueron los resultados. Recordemos que la revolución sojera vino más de afuera que de adentro. Y, además, las instituciones no pueden durar 100 años. El Instituto Nacional de Colonización fue creado en 1948. El INIA y el INAC fueron creados en los años 80. Hay muchas cosas para cambiar, pero lo importante es cambiarlo de una forma que nos aseguremos que el manejo quede en manos de gente capaz y con esa mirada profesional de futuro, de mirar hacia adelante, y que la institución se anticipe a los desafíos.

¿Y sacarle la participación política?

 Sí, sobre todo hay que sacar la política de adentro de las instituciones agropecuarias. 

¿Usted reclama un sector productivo mucho más pujante en todos estos temas?

Sí, pero eso no quiere decir gremiales. El ejemplo de FUCREA tendríamos que mirarlo con atención. Se trata de una institución de primera línea, creada, gobernada y gestionada por productores, que están muy comprometidos con el trabajo institucional; quizás puede ser el modelo para modernizar otras instituciones.

El gremialismo rural no asegura éxito en una gestión.

Exacto. El gremialismo rural no asegura el éxito de las instituciones. Tiene que ser un compromiso de productores, tiene que ir mucho más allá. No es darle las instituciones a las gremiales agropecuarias, porque con eso no vamos a ganar absolutamente nada. Porque en las gremiales puede haber gente formidable y gente que no sirva. Ahí está la clave. Pero el sector productivo tiene que tener mejor capacidad de elegir los líderes para estas instituciones, más que el sector político, porque muchas veces toma decisiones muy poco felices.

¿Y el gobierno qué rol jugaría?

El gobierno tiene que estar, naturalmente, porque muchas veces esto requiere de leyes, decretos o de alguna normativa, que cree el ámbito para que se trabaje. También es imprescindible que haya una coparticipación entre públicos y privados en el manejo institucional. Además, hay áreas que son claramente responsabilidad del Estado, como las negociaciones internacionales y muchas otras. Pero lo que tiene que haber es un gran compromiso. La clave es cómo conseguimos la gente que esté pensando en ese futuro. ¿Por qué hay países que lo logran y otros no? ¿Por qué el MLA en Australia tiene esa capacidad de tener un pensamiento estratégico hacia adelante? Porque ellos mismos invierten y tienen oficinas en los países donde quieren vender carne, porque son los que están preocupados por la sostenibilidad de la producción de carne. Si hay otros que lo hacen, también tenemos que poder hacerlo nosotros.

Y esa inversión da resultados.

Muchísimos. Los estudios que hay sobre la inversión de la promoción marcan que el resultado es formidable. 

Acá, en muchos casos, se ponen recursos pero no se miden resultados.

Así es, no tenemos mucha vocación de evaluar y analizar la relación costo-beneficio de lo que hacemos. Existe una inercia de seguir haciendo lo mismo sin saber si vamos bien o no.

¿Cómo ve a la agricultura uruguaya?

Creo que fue formidable lo que cambió la agricultura en Uruguay. Se ve un cambio extraordinario cuando se compara la agricultura de hace 20 años con la del presente. Hubo una gran transformación y fue mérito de los productores. Saben manejar sus campos, lo hacen muy bien. Lo que decíamos sobre las instituciones no aplica porteras adentro. Es un cambio irreversible y además necesario, porque los precios de la soja no van a ser siempre fantásticos. Serán un poco mejores o peores porque el mundo tiene mucha capacidad de producir alimentos, la tecnología ha cambiado mucho, y esa tecnología tenemos que utilizarla permanentemente. Pero la transformación ha sido exitosa y es muy importante para el país. 

¿Y el sector público acompaña?

Veo que si bien el empujón vino de afuera, está andando muy bien internamente. La agricultura tiene una cantidad de regulaciones que tal vez haya que revisar. Un gobierno puede actuar fundamentalmente a través de tres áreas: regular a través de políticas (decretos, leyes, resoluciones), que desde mi punto de vista, cuanto menos interfieran en el sector privado mejor; tiene que invertir, y eso es muy importante que se haga y que se haga bien; y el tercero es el tema institucional, donde hay unas cuantas cosas para mirar y mejorar. .

¿Es momento de empezar a privatizar algunas cuestiones vinculadas al MGAP?

No creo que sea cuestión de privatizar solamente. Se trata más bien de tener organismos que sean necesarios y, sobre todo, que sean muy bien gestionados. Cuando se creó el INIA salieron 800 personas del Estado y pasaron a ser funcionarios de un organismo que se manejaba por otra normativa, por fuera del Estado. El caso de los Servicios Ganaderos e Industria Animal es un ejemplo de algo que debe permanecer dentro de la esfera pública. Estos servicios actúan por delegación de los servicios de otros países, y tienen que hacer muchos trabajos a pedido de esos países, sino ellos tendrían que estar acá haciendo esa cantidad de cosas. Entonces, es muy difícil privatizar. No creo que sea una prioridad, pero lo importante es que se trabaje bien. Creo que en este país hubo un gran trabajo en ese sentido. A eso hay que reconocerlo. Uruguay es reconocido internacionalmente como un país serio. Para empezar nunca hemos mentido con respecto a las enfermedades y lo hemos manejado muy bien. La confianza la tenemos. Los mercados confían en las instituciones públicas uruguayas vinculadas con el comercio internacional, y sería muy bueno que eso siga siendo así.

TARJETA PERSONAL

Roberto Vázquez Platero es ingeniero agrónomo, y se desempeña como consultor senior con experiencia en negociación, planificación de negocios, economía agrícola, estrategia de marketing y agricultura. Es un destacado profesional en consultoría, con un doctorado (PhD) enfocado en Economía Agrícola en la Universidad de Texas A&M. Fue ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, diputado por el Partido Colorado y presidente del INAC.

Sección: Al grano, revista VERDE N° 94

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