Montevideo, 14 de Julio 2020

  • °
  • H %
Ganadería

Una ganadería pastoril intensiva a través del sistema TechnoGrazing

9 diciembre, 2019

En un campo arrendado de 1.466 hectáreas, la familia Carreño puede al menos duplicar la producción en kilos de carne, con un alto volumen de pasturas y de gran longevidad

Andrés Carreño es integrante de una familia vinculada a la producción agropecuaria, que arriendan un campo de 1.466 hectáreas en Flores, donde desarrolla un sistema de producción intensivo, basado en el sistema de pastoreo TechnoGrazing.

En diálogo con VERDE, dijo que antes de arrendar este campo en Flores arrendaban un establecimiento en Florida, dividido en dos estancias, «donde teníamos un costo estructural bastante alto, que nos impedía tener una buena organización”.

Buscando “otras capacidades productivas”, llegaron a Flores, a este establecimiento agrícola-ganadero donde, entre otras cosas, “venimos haciendo diversas mediciones de suelo, compactación, capacidad de intercambio catiónico, niveles de micronutrientes y de erosión, en un proceso exhaustivo de ambientación».

Sobre los resultados de esas evaluaciones señaló que «muestran que el campo está alejado de lo que muestran los papeles del (Índice) Coneat, porque en partes está muy erosionado. Allí más de 50 años de laboreo han impactado en el suelo, y existen partes del campo donde incluso se ha perdido el perfil A”.

Esto determinó que la explotación debía enfocarse en la ganadería para recomponer parte de esos suelos. Decidieron hacer pasturas para una ganadería súper intensiva, con el sistema de pastoreo TechnoGrazing.

Explicó que “desde el primer momento vimos que faltaban aguadas naturales, el ganado debía caminar 2.500 metros para poder acceder a agua de calidad”. Agregó que, de esa manera, “el suelo seguía erosionándose y trasladando nutrientes a los cursos de agua, por lo cual “debíamos buscar una alternativa”

A partir de ese momento la empresa tuvo un quiebre en su manera de pensar en el negocio, y se vio obligada a repensarlo. “En 2018 conocimos un sistema de pastoreo neozelandés que hace 10 o 12 años está en Uruguay, y nos tomó 10 minutos entender por dónde iba el camino”.

Se trata del sistema TechnoGrazing, “una herramienta basada en cierta infraestructura, que permite gestionar el pastoreo de forma eficiente, maximizando los consumos de pasto, con agua en la parcela, y eliminando el efecto del traslado de orina y heces y la contaminación de aguadas, entre otros beneficios. Considero que, más allá del aprovechamiento del pasto, es muy ventajoso”.

Actualmente el 36% del campo (530 hectáreas) está bajo este sistema de pastoreo, y la familia Carreño proyecta seguir creciendo con el TechnoGrazing, una vez estabilizada esa área.

En el resto del campo, debido al alto nivel de enmalezamiento, no se podía pasar a pasturas permanentes, por lo que hubo que hacer rotaciones agrícolas que permitieran un adecuado control de malezas. Eso determina que en la actualidad haya unas 400 hectáreas de agricultura repartidas en varios cultivos.

Sostuvo que “el objetivo es poder salir del ciclo agrícola, porque la agricultura no es nuestro negocio, que sea solamente parte de la rotación y así pasar a pasturas permanentes”.

Volviendo al sistema TechnoGrazing, explicó que se ha realizado “una fuerte inversión de largo plazo en infraestructura, porque tenemos el convencimiento de que al agro uruguayo le falta infraestructura”.

Dijo que “el productor uruguayo maneja muy bien las pasturas, sabe producir mucho pasto, pero a veces le falta la herramienta para cosechar el pasto, y así convertirlo en carne o leche. Nosotros estamos tratando de ir por ese camino”.

Con este sistema de pastoreo, priorizando la productividad por hectárea, “lo que hacemos es proyectar y focalizar cuánto puede llegar a producir una pastura, ese es el puntapié inicial para después determinar cuántos kilos de carne podemos llegar a manejar y producir”.

Explicó que en otoño-invierno la dotación es de 800 kilos de peso vivo por hectárea, y después, en primavera, se puede llegar al doble de ese peso. “Es algo que podemos hacer con la categoría que queramos, desde terneros hasta vacas de invernada, porque el trabajo pasa por medir pasturas para poder determinar cargas”, señaló Carreño.

Comentó que el sistema tiene en primavera 1.500 kilos de peso vivo, con rotaciones diarias, y se vuelve a la primera parcela a los 20 días. «En primavera se busca priorizar la calidad del pasto más que el volumen por pastoreo, y estamos con una producción promedio diaria de 48 a 50 kilos de materia seca por hectárea por día”, subrayó.

En el caso particular de este establecimiento, Carreño definió armar parcelas “chicas pero muy intensivas”, pero Carreño señaló que “este tipo de sistemas se adapta a la necesidad de cada productor y al objetivo que cada uno se plantee”.

En su caso, las parcelas tienen 40 metros de ancho por 25 de largo, “ese metraje es la distancia máxima que facilita la logística con el alambre eléctrico, y con eso se logra maximizar los recursos, para que el sistema funcione de manera más eficiente”.

Contó que, con una persona cada 500 hectáreas, logran manejar un rodeo de 3.200 cabezas dentro del sistema. “Eso facilita mucho el trabajo, porque es muy veloz cambiar los módulos que tienen entre 150 y 300 animales por día, dependiendo de la categoria”, afirmó.

“El día que llueve es el que más se trabaja, porque cambiamos dos veces por día la parcela. Generalmente se piensa que si llueve agrandamos la parcela, pero cuanto más llueve menos se tiene que mover el animal dentro de su parcela, porque cuanto más camina más rompe, por eso hay que tratar de apretarlo y así ser más eficiente”, señaló.

La inversión y el resultado

Para las 530 hectáreas destinadas a este sistema de pastoreo hubo que realizar una inversión de US$ 470 por hectárea.

Carreño explicó que esa inversión contempla “desde la bajada de energía eléctrica, los pozos para el agua, contenedores para los sistemas de bombeo, reserva de agua, sistema de conducción del agua, llaves de paso en todas las entradas de líneas de agua y alambrados”.

Esta inversión “se amortiza en 10 o 15 años, por lo cual el costo por año es muy bajo para el resultado que se obtiene. Esta es la inversión que elegimos, pero con menos de la mitad de esta inversión se puede implementar este sistema en su máxima expresión”.

El sistema actualmente está destinado a la recría de terneros o de terneras, “porque creemos que es lo más eficiente”.

El esquema pasa por la compra de terneros y terneras, los que se llevan a peso de corral o para exportación en pie. “También hemos hecho recría de vaquillonas, con destino al abasto y hemos terminado algún novillo; depende de la coyuntura del mercado”, comentó.

De todas maneras, explicó con este sistema “se podría hacer perfectamente cría y también invernada, porque es capaz de adaptarse a cada producción y a la necesidad de cada productor”.

Carreño sostuvo que lo importante de este negocio “es lograr tener atado el ciclo productivo, en nuestro caso tenemos acuerdos con corrales a los que se les entrega el ternero o la ternera recriado”, pero “no son acuerdos fijos sino que se basan en el valor del mercado, al momento de que el animal está pronto y se vende… Si sé que puedo producir 500 o 600 kilos de carne por hectárea no puedo tener el campo vacío”.

Agregó que, para lograr un buen resultado, “si estoy en un momento en el que tengo una producción de forraje con altas tasas de crecimiento, no puedo darme el lujo de esperar o especular 15 días para comprar ganado”.

Por eso, subrayó que “este sistema me da la tranquilidad de poder producir carne para compensar el precio de la compra de hacienda cuando la considero cara”.

Y subrayó que “no está en nuestra cabeza especular para que baje el precio de compra de la reposición que se va a recriar, aunque obviamente se hacen los mayores esfuerzos para concretar buenas compras”.

Carga y rotación de este sistema

En el esquema actual de la familia Carreño, la carga y la rotación se manejan en base al “crecimiento y por períodos de descanso normales, que en invierno pueden ir hasta 60 días y en primavera pueden llegar a rotaciones de 20 días”.

Agregó que, al tener aspiraciones de ganancia de peso mayores por hectárea y priorizando la productividad, “comenzamos el invierno con 5 terneros por hectárea y actualmente pasamos a una carga de 6,6, lo que nos da una carga alta… Si uno quiere trabajar a fondo e invierte en este tipo de tecnologías lo peor que puede hacer es desaprovechar el pasto”.

Agregó que la inversión que está determinada en el sistema “no es la que necesariamente se tiene que hacer, sino que “se puede plantear una inversión menor… Tenemos parcelas de 0,10 hectáreas, pero se pueden hacer de media hectárea o una hectárea, que achica el costo de la inversión”; aunque consideró que media hectárea sería hablar de “ganadería semi intensiva”.

“Tratamos de tener una ganadería de precisión, para poder sacarle el máximo jugo a esta infraestructura de trabajo, y así poder hacer más cosas”, admitió.

Sostuvo que “con este tipo de herramientas uno determina cuál será su nivel de inversión, de acuerdo a cómo se comporte el año y los mercados; si crezco en productividad por hectárea o por animal”.

La sanidad

Carreño explicó que “al tener una rotación tan veloz en primavera, y volver a los 20 días al lugar donde comieron por primera vez los animales, se pueden generar problemas sanitarios”.

Al trabajar con este sistema de gran escala pero con muy pocos operarios, «tenemos un cuello de botella al realizar los planes sanitarios en la manga”, admitió. Y por eso, luego de varias experiencias, consideraron que lo mejor era tercerizar la sanidad.

Fue así que se les ocurrió utilizar los sistemas que tienen algunos corrales, y contratar los servicios de sanidad a los laboratorios veterinarios. “Coordinamos con ellos una sanidad por animal por año”, comentó. De esta manera, el laboratorio “se encarga de traer el veterinario que coordina los trabajos y la prevención, que básicamente consiste en tomar análisis coprológicos directamente en cada parcela”.

Agregó que, “con esas dos medidas venimos bien y dentro de los números normales que hay en estos sistemas de producción”.


Lee la nota completa en Revista Verde N° 81