Montevideo, 5 de Julio 2020

  • °
  • H %
Agricultura

Todos los años las enfermedades le quitan kilos de rendimiento a la soja

11 enero, 2020

Bayer y Barraca Erro realizaron una capacitación en Río Branco y Treinta y Tres, focalizada en el manejo de la roya y otras enfermedades que afectan a la oleaginosa

Todos los años las enfermedades le quitan kilos a la soja, y por eso, Bayer y Barraca Erro realizaron una jornada de capacitación con Marcelo Carmona en Río Branco y Treinta y Tres, la que estuvo focalizada en el manejo de la roya y otras enfermedades que afectan a la soja.

En ese marco, el fitopatólogo, profesor titular plenario de la Facultad de Agronomía, de la Universidad de Buenos Aires, dijo a VERDE que las enfermedades de fin de ciclo ocurren todos los años, en mayor o menor intensidad, dependiendo de las lluvias.

Explicó que “contabilizar las lluvias es la manera de medir las enfermedades de fin de ciclo. Lógicamente, aquellos lotes que vienen de soja o donde hay rastrojos de soja a la hora de la siembra, son los más riesgosos, y en años húmedos son los prioritarios a controlar”.

Para Carmona es importante entender que las enfermedades de fin de ciclo conviven con el cultivo, “no son alarmantes para el productor, por lo cual no se les da mucha importancia, pero pueden llevarse entre 10% y 20% de rendimiento”, advirtió el experto argentino.

Entre las principales enfermedades están: la mancha marrón (Septoria glycines), en el tercio inferior; la mancha púrpura (Cercospora Kikuchii), en el tercio superior. Esta última “está en una situación muy difícil de controlar y en Argentina ya se están viendo problemas serios de resistencia a fungicidas, entre ellos carbendazim, estrobilurinas y caída de eficiencia de los triazoles”, comentó el especialista.

Por lo tanto, detalló que la estrategia de control “pasa por la lluvia”. Si desde R3 y hasta R5.5, se suman precipitaciones que superan los 30 milímetros, ese día se debe aplicar.

Entre R3 y hasta R5.5 está la ventana de aplicación. “Nunca debe aplicarse por fenología, por prevención o por las dudas. Algunos años corresponderá aplicar en R3, otros en R4, otros en R5 o nunca aplicar, porque no llovió lo suficiente”, subrayó.

¿Qué pasa si en R3 llueven 10 milímetros y después hay un pronóstico importante de lluvias confiable, que pueda dificultar el tema logístico para entrar a esa chacra? Ante la pregunta, Carmona respondió que “en esos casos hay que confiar en ese pronóstico, aunque se corre el riesgo de que no se cumpla. Aun así, con 15 milímetros, y si el pronóstico es de otros 15 milímetros, se podría realizar una aplicación bien pegada al pronóstico; pero ahí tiene que cumplirse esa previsión de lluvias para que funcione”.

Reconoció que “siempre es complicado el manejo de las enfermedades de fin de ciclo. Es como jugar a las escondidas. Son enfermedades que no llaman la atención, no aparecen en el momento que a uno le gustaría, sino al final, cuando el cultivo está entregado. Entonces, pareciera que no hubiera enfermedades. En realidad, estas enfermedades aceleran la entrega, se genera clorosis y necrosis de población, lo que se observa en R6 y R7”.

Allí reconoció que esas enfermedades “todos los años se llevan kilos”.

Sobre la relación costo-beneficio de la aplicación, Carmona dijo que “si tenemos de 30 a 40 milímetros de lluvia, acumulativamente y desde R3, siempre es favorable”.

La roya

El manejo de la roya, en cambio, “es completamente diferente”, aclaró Carmona. Señaló que el Este de Uruguay “es una zona de riesgo de roya asiática”, pero destacó que en Uruguay la información del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) “es clave”.

“El software que han armado es sumamente interesante. Los aportes regionales, los informes de los laboratorios, todo suma a la información. El problema es que los fungicidas están fallando en el control, porque el inóculo proviene de países donde ya hay resistencia a fungicidas. Entonces, hay que conocer las moléculas, estar atentos y saber actuar a tiempo, esa es la clave. Jamás hay que aplicar tarde para roya asiática”, recomendó.

Consultado sobre cuánto aplicar, el especialista indicó que “nuestra propuesta marca que cuando haya cinco foliolos enfermos, al menos con una pustula sobre 100, ahí se debe aplicar”.

Pero agergó que, “ante el problema de logística e infraestructura, si en la región empieza a detectarse roya o la cámara húmeda dio positivo, es momento de pensar en aplicar”.

Carmona instó a una aplicación inmediata, apenas se detecte, y señaló que la roya se puede llevar entre el 40% y el 50% de la producción de soja; y en Brasil, Bolivia y Paraguay se puede llevar hasta el 80% o 90% si no se aplican fungicidas.

En Uruguay, “sucede que generalmente llega más tarde que en esos países, y con una o dos aplicaciones se reduce el impacto”, explicó.

A propósito de Brasil, indicó que allí el control de roya asiática “está en riesgo”, porque el hongo “está generando resistencia a la estrobilurinas, a los triazoles, y empezaron a ver reportes de resistencia también a las carboxamidas”. El único que no tiene reporte es el mancozeb, que es un multisitio, pero se trata de un producto de uso preventivo.

Por lo tanto, “es necesario chequear si el mancozeb, el clorotalonil o el cobre acompañan a los fungicidas que son eficientes. En ese caso, tenemos algunas carboxamidas y el prothioconazole como los eficientes”, indicó.

Agregó que es difícil esperar soluciones de las compañías para enfrentar esta situación en el mediano y largo plazo. “Está difícil, cada vez lleva más tiempo e inversión descubrir un mecanismo de acción”, admitió. Recordó que las carboxamidas, por ejemplo, son un mecanismo de acción que se conoce desde hace más de 40 años.

Finalmente, sobre por qué la roya toma resistencia tan rápido, el fitopatólogo explicó que “es un patógeno que tiene muchas generaciones, que es muy agresivo, y entonces la población de individuos es altísima, son millones, por lo cual hay siempre mucha más variabilidad”.

“La generación de cepas resistentes se facilita si el hombre utiliza siempre el mismo fungicida, baja la dosis o no hace manejo integrado. Por lo tanto, el manejo y monitoreo es clave”, concluyó.


LA NOTA COMPLETA EN REVISTA VERDE N° 82