Montevideo, 5 de Junio 2020

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Agricultura

Marcos Carrera: “El costo de la renta está sobreremunerado y la producción agrícola subremunerada”

31 marzo, 2020

Marcos Carrera, líder comercial de Bayer en Uruguay, consideró que ese costo es un elemento importante en la definición de la sustentabilidad del negocio, desde el punto de vista económico, social y ambiental.

El líder comercial de Bayer en Uruguay, comentó en esta entrevista con VERDE cómo transcurre la integración de Monsanto a la compañía, y cuáles son los objetivos que se plantean en esta nueva etapa.

Marcos Carrera también comentó cómo observa los procesos de registros de cultivares, nuevos eventos biotecnológicos y agroquímicos en Uruguay; los niveles de uso de semilla legal en el país; y anunció que se están buscando mecanismos para bajar la variabilidad interanual del precio de la semilla.

El ejecutivo también analizó cómo está el negocio agrícola en el país, así como la sustentabilidad ambiental.

¿Cómo viene el proceso de integración entre Bayer y Monsanto en Uruguay?

En el comienzo del año se definió la integración del área comercial. Estamos integrando la estructura de las dos empresas, y desde allí se viene trabajando en la construcción del equipo, sobre la base de la definición de llegada al mercado que tomó la compañía. Se está creando una nueva propuesta de valor, sustentada en la interacción entre semillas y fitosanitarios. Se busca fortalecer esas sinergias y hacerlas efectivas en el mercado. En paralelo, se viene analizado la distribución de los productos de la compañía en el país, que se mantienen, pero se irán actualizando acuerdos para capitalizar las sinergias que se generan con la unión de ambos portafolios de productos. Todo apunta a mejorar la llegada al productor, esa es la preocupación de Bayer, esa llegada debe darse de la mejor forma posible; tiene que ser eficiente y generar la mejor experiencia del cliente.

¿La llegada al productor será vía distribución y también directamente?

Sí, manteniendo la lógica que tenían ambas compañías. Se mantiene en aquellos casos en que llegaba a través del distribuidor y, además, mantiene una lista de clientes directos. Entendemos que es importante la atención directa de la empresa. El año pasado hicimos un análisis para ver la forma de llegar al mercado y una de las cosas que vimos claramente fue que en Uruguay, como en todos lados, la llegada tiene sus ineficiencias. Hay muchos escalones en la cadena de distribución, desde el fabricante hasta el consumidor final. Son cosas a corregir, para generar una reducción de costos y mejorar la eficiencia. Uno de nuestros objetivos es mejorar la cobertura, aumentar la eficiencia y que desde cualquier parte del país un productor pueda acceder a la propuesta de valor de Bayer a un costo razonable. Eso lleva trabajo, porque tenemos diferencias entre zonas en Uruguay.

¿Ya está afianzada la unificación de los portafolios de productos en Uruguay?

Desde el punto de vista de la unión sí. Estamos con algunas definiciones de lanzamiento y de posicionamiento de algunos productos, que se enmarcan dentro de la lógica de presentación al mercado. Pero en ese sentido apuntamos a fortalecer las sinergias relevantes de Bayer, como Adengo-Dekalb en el cultivo de maíz, y Asgrow-Cripton en soja. Aquí vemos que se pueden generar importantes oportunidades para los agricultores.

¿El sorgo sigue integrando el portafolio de semillas, además de soja y maíz?

Sí, sigue. El área del sorgo viene cayendo año a año, pero los nuestros siguen siendo muy competitivos y seguimos comercializándolos con buen suceso. El área del cultivo viene cayendo, y en muchos casos es sustituido por el maíz. Lo que ha pasado con los maíces modernos es que han levantado varias limitantes y permiten la siembra en casi todas las situaciones productivas. El maíz tiene mejor performance y presenta mayores oportunidades comerciales que el sorgo.

¿Cómo trabajará Bayer en investigación y desarrollo en Uruguay?

Seguimos con el funcionamiento de ambas empresas, se mantienen los dos equipos de desarrollo, el de semillas y el de fitosanitarios. La idea es generar información local para decidir lanzamientos, también para los ensayos que permitan el registro de fitosanitarios, además de evaluar el posicionamiento con sus respectivas dosis. En semillas el foco sigue en la generación de información, que permita sumar recomendaciones de manejo. Bayer seguirá generando información local, es un objetivo y una convicción de la compañía, porque es lo que permite el soporte de las propuestas de valor de cada uno de los productos.

Hubo cambio de gobierno y es una oportunidad para plantear algunos temas, ¿cómo ven desde Bayer el registro de agroquímicos y cultivares?

Son dos mundos diferentes. El registro de cultivares ha mejorado mucho y está funcionando muy bien, no hay cuestionamiento, incluso el proceso de importación es automatizado, es predecible, sencillo, se sabe cuándo empieza y cuando termina, no tiene ruidos en la línea. En agroquímicos el escenario es diferente, y hay mucha cosa para hacer; no es predecible. Un ejemplo bien práctico es algo que nos está pasando hoy. Tenemos que migrar registros de una compañía a la otra y no podemos predecir cuánto nos llevará. Es algo administrativo, que no requiere de ensayos de campo, solo tiene un componente burocrático puro, que es la parte más simple. Entonces, cuando le incorporas variables técnicas, evaluaciones, y demás, se complejiza aún más. Lo difícil es predecir, no porque el producto tenga un problema, sino porque se generan demoras en el escalón técnico-burocrático, que no son fáciles de predecir.

¿Ha sido así en los últimos años?

Hay un intento por mejorarlo, una intención de hacerlo más eficiente y sobre todo, algo que apoyamos con las dos manos, que es mejorar el proceso de evaluación de calidad y toxicología de un producto para su lanzamiento al mercado. Es nuestra intención que se siga mejorando la evaluación, apuntarle a la excelencia. En el último tiempo se nota la intención de mejorar, pero aún no se ven los resultados. Es una preocupación que tenemos desde la industria, porque uno sabe que presenta un registro, pero no sabe cuándo sale la autorización.

¿Es peor con los eventos biotecnológicos?

En este caso no hay un escenario que permita construir una predicción. El actual marco regulatorio se creó en 2009, han pasado 12 años y no hay un proceso. Hay un sistema que hasta determinado escalón se ha logrado aceitar. El proceso de evaluación técnica funciona, pero luego se tranca. No hay un proceso predecible. Uno podría decir: entro con la solicitud y lleva dos años la evaluación técnica; se reúne el gabinete y se expide por sí o por no, en un plazo determinado. Pero no hay plazo, entonces uno no puede construir un plan, y eso es muy complicado.

¿Cómo está trabajando la compañía en biotecnología?

Presentamos algunos eventos en soja y en maíz. En soja sobre la base de apilar más eventos de resistencia a insectos, buscado disminuir las probabilidades de generación de tolerancia. Lo mismo con el maíz y, a su vez, incorporamos otro grupo de acción de herbicidas para mejorar el manejo.

La tecnología de soja Xtend, que otorga tolerancia a Dicamba, entre otros herbicidas, ¿en qué proceso está?

La tecnología está autorizada en Uruguay, pero hasta ahora no hay un pronunciamiento tajante. El programa Xtend está parado en Argentina, y no tenemos variedades para lanzar. Independizarse de Argentina es un objetivo, pero en la práctica es difícil pensarlo. Uruguay y Argentina tienen unidos los planes de lanzamientos, todos los planes comerciales, de marketing, de comunicación, pero sobre todo de mejoramiento. Al cortarse el programa de mejoramiento debería subirse a otro programa paralelo, que podría ser de Brasil, pero allí se busca otro tipo de variedades. Es difícil la independencia, y es difícil imaginar que Argentina mantenga un programa por Uruguay. Por más que Uruguay tenga un alto porcentaje de legalidad, eso no pesa en el volumen, lamentablemente es así.

¿Cómo se observa el nivel de legalidad del mercado de semillas de soja en Uruguay?

La visión más global es que Uruguay es un diamante en un escenario regional muy complicado, donde los niveles de legalidad son mucho más bajos. Uruguay tiene un sistema funcionando, fiable, con niveles de legalidad alto. Esta situación, frente al contexto regional, se valora mucho en la interna de la compañía. Ahora, cuando vamos a la interna y nos comparamos frente a lo que sucedía hace cinco años, retrocedimos, aumentó la ilegalidad y hoy en día, producto del trabajo del Inase y de Urupov, se ha ido corrigiendo y estamos volviendo a niveles más razonables de legalidad. Nunca llegamos a ser un problema para la región, porque nuestros mayores niveles de ilegalidad no son comparables con la situación de cualquiera de los otros países. El productor reconoce y hay una convicción, pero en realidad también hay que estar cerca. La frase “somos hijos del rigor” aplica, por eso hay que estar controlando.

¿Qué reflexión le merece el comercio de semillas de soja?

Es una preocupación para nosotros, por el serrucho que se genera, producto de que cuando falta semilla los precios suben muchísimo y cuando hay una buena cosecha el productor se guarda semillas y las ventas del sector bajan muchísimo. Es una preocupación porque, pensando en el largo plazo, no es posible predecir cuál será la venta y es muy difícil construir planes comerciales, de producción y demás. Creemos que hay cosas para corregir.

¿Bayer tiene algo definido al respecto?

Haremos algo para tratar de corregirlo porque como está no le sirve a nadie. No le sirve a los productores, ni a los multiplicadores, ni a las compañías. Porque no permite construir proyecciones de venta, y el productor no puede predecir cuál será el precio de la semilla, un insumo básico para la siembra. Tiene que guardarse semilla, cosa que no debería ser su objetivo, para tener algún respaldo o resguardo. Es lo que vamos a tratar de corregir de alguna forma. Estamos en plena etapa de definiciones, pero el objetivo pasa por la búsqueda de mecanismos que permitan bajar la variabilidad interanual del precio de la semilla.

¿Cómo se imagina la agricultura en los próximos años?

Redefiniéndose. Hay cosas para ajustar, el valor de la renta, por más que es una variable de mercado y es cuestión de oferta y demanda, es el costo más importante que tiene la agricultura. Ha tenido sus correcciones, se han abandonado los campos marginales y se ha bajado el porcentaje de campo arrendado en la actividad. En el pico del área agrícola en Uruguay, 70% era arrendado, y hoy está en torno al 55%. Esa baja de 15% es un valor alto. El concepto de renta es lo que debería dar el negocio inmobiliario por actividad productiva. O sea, cuánto remunera la actividad productiva al soporte suelo. Considero que el recurso se está sobrepagando, porque el negocio no lo convalida, y eso repercute en toda la cadena, incluso en otros rubros, porque se trasladan valores de renta que la actividad no puede repartir. Eso genera una inequidad, porque la tierra está siendo sobreremunerada, y la actividad productiva, que es la que acarrea todos los riesgos, está subremunerada. La relación está invertida.

¿Puede llegar a un equilibrio?

Debería llegar por la forma de arrendamiento.

En algunos casos se vuelve a la medianería o a los porcentajes.

Creo que las aparcerías, o los regímenes de medianerías, son los más justos, porque se comparten los riesgos. Vos ponés el campo y yo la actividad productiva, pero compartimos riesgos. En la medida que eso se vaya instaurando y generalizando, la actividad irá ganando sustentabilidad, pero esos cambios vienen muy lentos. Con el golpe grande de la seca hubo un empuje por tratar de hacerlo, quedó mucha gente sin cobrar renta, pero si vas al análisis no se corrigió tanto, todavía hay tela por cortar.

¿Se va a una agricultura más diversa?

Deberíamos ir por ese lado, incorporando más ganadería, con esquemas agrícola-ganaderos intensos, más maíz o más gramíneas. Necesitamos que eso pase. De todas formas, se van dando algunos pasos, porque tener un área de maíz en torno a 150.000 hectáreas y la de soja en 1 millón de hectáreas nos deja casi en una relación 6 a 1 frente al 12 a 1 que tuvimos en algún momento. Vamos hacia una agricultura mucho más equilibrada, que apuntará a un negocio más sustentable para el productor. Si vemos los promedios actuales, el negocio tal cual está planteado no es sustentable.

¿Y ambientalmente qué tan sustentable es la agricultura uruguaya?

La respuesta va en la misma línea. Deben incorporarse variables que permitan un manejo integrado de plagas, de malezas, y deben incluirse otras variables a la cuenta. Hay cuestionamientos públicos, algunos tienen que ver con la actividad, pero hay otros que no tienen nada que ver. Desde el punto de vista de los suelos, la sustentabilidad está más cuestionada en Uruguay por la fragilidad de ese recurso. Por eso, la incorporación de pasturas al sistema se hace evidente. Lo digo como ingeniero agrónomo y como ejecutivo de Bayer. La compañía ve a la sustentabilidad como un objetivo. No es un eslogan, la sustentabilidad está en todo el negocio, en lo social, en lo económico, en lo ambiental y en todos los actores que estamos en la actividad. Necesitamos un negocio saludable, porque si a nuestro cliente le va mal, a nosotros nos irá mal. Hoy vemos que nuestro cliente está peleándola, en una situación que tiene sus complicaciones, y en muchos casos no ve el horizonte.

TARJETA PERSONAL

Marcos Carrera nació en Montevideo, es ingeniero agrónomo y tiene un MBA en Agronegocios. Estuvo vinculado al sector semillerista en toda su trayectoria profesional. Hace 13 años se incorporó a Monsanto, donde fue representante técnico de ventas hasta llegar al cargo de líder comercial en Uruguay para la compañía. Luego de que Bayer adquiriera Monsanto, el 1° de enero de 2020, fue elegido líder comercial de la división Agro en Uruguay.


Nota de Revista Verde N° 84