Montevideo, 23 de Febrero 2020

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Agricultura

«La demanda por la soja es una oportunidad para salir adelante»

El integrante del comité de dirección de Barraca Erro dijo a VERDE que llevará entre dos y cinco años subsanar las pérdidas de la catástrofe productiva de la zafra de verano

La última zafra de cultivos de verano fue la peor de la historia en Uruguay y dejó heridas importantes, que demorarán varios años en sanar. De todos modos se cree que la soja brinda muchas oportunidades para sacar adelante esta difícil situación. Conceptos que fueron manejados por Germán Bremermann, integrante del comité de dirección de Barraca Erro, en esta entrevista con VERDE.

¿Cómo está el escenario de la agricultura?

Muy complejo, después de esta catástrofe productiva quedan secuelas que llevará entre dos y cinco años, todo dependerá de cómo se rearme el mercado internacional, de cómo evolucionen los precios y de cómo se pueda avanzar después de una pérdida muy importante, que generó gran descapitalización del sector y por ende complicaciones financieras. Dependemos del clima, más allá de que hay que hacer las cosas bien, con un paquete tecnológico adecuado, y con nuevas tecnologías que pueden ayudar a mejorar la productividad. Pero el clima sigue siendo preponderante, lo demostró en la zafra de cultivos de invierno y en la de verano.

¿Cuánto hace que está vinculado a la soja?

Hicimos las primeras multiplicaciones en 1998, comenzamos a vender semilla y a exportar dos años después, a pequeña escala, y rápidamente se fue creciendo, en forma exponencial.

¿Y esta fue la peor zafra en este tiempo?

Sin dudas. En aquel momento era otra la situación, hacíamos agricultura convencional, con variedades no transgénicas. Pero ya en 2001 o 2002 empezamos a trabajar con siembra directa y soja transgénica. Hay productores que están plantando soja en Soriano desde esa fecha y nunca habían tenido promedios inferiores a 1.700 o 1.500 kilos por hectárea, por más grave que haya sido la situación de sequía o exceso de lluvia. Sin embargo, este año mucha de esa gente sacó 600 o 700 kilos, registros que se ubican totalmente fuera de cualquier proyección. No hubo casi lluvias en 90 o 100 días y nuestros suelos almacenan en promedio 70 u 80 milímetros de agua. Una soja para rendir más de 2.000 kilos necesita como mínimo 300 milímetros en ese período. Por lo tanto, los números hablan por sí solos. No hay forma de producir sin agua, pasó en Uruguay y en Argentina. Allí la situación no fue tan grave porque hubo zonas donde llovió, pero en Entre Ríos, donde el ambiente es similar al uruguayo, la situación es muy parecida.

¿Qué rendimiento promedio estiman?

Aún hay que cerrar, hay un volumen no

despreciable en manos de los productores, pero aparentemente estamos en el entorno de 1,2 millones de toneladas de producción de soja, apenas llegamos a 1.000 kilos por hectárea, pero no cambia si es 900, 1.000 o 1.100 kilos. La situación es un desastre para el sector.

¿Cuál es la fortaleza para enfrentar esta situación?

La forma de salir adelante es mirar lo que tenemos enfrente y vemos que la soja es un producto demandado en el mundo, y la realidad es que a pesar de la caída de precios desde 2014 a la fecha sigue siendo un negocio interesante. Si tomo el rendimiento promedio que tiene el país, que se ubica entorno a los 2.400 kilos por hectárea, con zonas como Soriano, Colonia y Río Negro que tienen rindes que están muy por encima del promedio, a un precio de US$ 350 o US$ 360 puesto en puerto, en la medida que afinemos los costos hay rentabilidad. Lo que hay que ver después es la ubicación, porque la distancia del puerto en Uruguay increíblemente pesa muchísimo. Hay que observar además la productividad de los diferentes ambientes, hay suelos que vienen con muy buena rotación y tienen la capacidad de seguir produciendo y otros necesitan cambiar el esquema, y hay que ver cómo se reacomodan. El tema es que hoy estamos en medio de una caída de precios motivada por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, a lo que se suma un clima excelente que van teniendo los cultivos en Estados Unidos. Independiente de esto, Chicago siempre da oportunidades, estos precios bajos entendemos son coyunturales y además hay herramientas para tomar coberturas que nos pueden ayudar a una buena estrategia.

Hay un incremento del área de invierno.

Sí, los cultivos de invierno se necesitan por rotación. Hay una suba de precios y una baja en el rendimiento de equilibrio. Mucha gente se calzó en cebada con precios superiores a US$ 200, lo que da un rendimiento de indiferencia de entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea, dependiendo de la situación de cada productor, si el campo es alquilado o no, pero son rendimientos que en cebada se pueden alcanzar y superar. El promedio país se ubica entre 3.400 y 3.500 kilos por hectárea, y en años buenos se obtiene por encima de ese rinde. En trigo es un poco más variable, se le tiene un poco más de miedo a la calidad, pero si los precios se ubican entre US$ 180 y US$ 190 el rendimiento tampoco tiene que ser muy alto para que los números sean positivos. Las perspectivas son razonables, hemos logrado excelentes implantaciones, pero el clima tiene que acompañar y hay que estar preparado para aplicar un buen paquete tecnológico, hacer el cultivo para sacar esas altas productividades necesarias para lograr rentabilidad. Ir solucionando problemas de rotación, nutrientes, malezas. Hay que ser fino en la producción, de lo contrario será imposible crecer en estos cultivos.

¿Los planteos tecnológicos que se realizan son los óptimos?

La clave está ahí. Si vamos a empezar a hacer una agricultura sin tecnología, con los mínimos insumos, con el mínimo costo, los números no cierran. Tenemos que tratar de lograr el menor costo por tonelada producida, apostando a la mayor productividad, con una relación adecuada respecto a lo invertido. Hay que ver si en el campo donde estoy invirtiendo me puede dar una productividad que me permita ser competitivo en los negocios de exportación. Porque allí hay que competir con el productor argentino, con el brasileño, con el estadounidense. Si ellos están dispuestos a producir con un precio de US$ 350 por tonelada para la soja, por ejemplo, y les dan los números, a nosotros también nos tienen que dar. Estamos convencidos de que hay que apuntar a lograr buena productividad, minimizando el costo por tonelada producida, lo que no quiere decir que haya que bajar la aplicación de fertilizantes o de herbicidas, al contrario, tengo que aplicar el mejor paquete y buscar optimizar los recursos.

¿Cómo observa el incremento del área de pasturas?

Se está dando pero no a la velocidad que necesita el sistema. Hay muchos suelos que están pasando a la rotación con pasturas, de seis meses, 12-18 meses y 2-3 años. Eso va ayudando a cambiar, pero hay muchos suelos con problemas de potasio, con un balance de nitrógeno muy negativo, que están cayendo mucho en materia orgánica y pH. En una agricultura continua gran parte de eso se puede solucionar, pero significa invertir en potasio, en encalado, en una cantidad de cosas que elevan la inversión y hay que ver si la ecuación da o no, y cómo deben reacomodarse las cosas para que eso pueda suceder. Hoy no la vemos por ese camino. En un suelo con bajo nivel de potasio, con problemas de pH, un balance de nitrógeno muy negativo, la materia orgánica no se puede soportar, las propiedades físicas se vienen complicando, y no hay forma. Ahí hay que integrar una pastura o leguminosas anuales, por ejemplo, que pueden mejorar las propiedades físicas y aportar nitrógeno al sistema, invertir ayudando a las pasturas. Sino pensar en algo de mediano plazo, una pastura de año y medio. Y en los casos donde aún no cayeron demasiado las condiciones naturales de producción de esos campos, una rotación más estricta, con maíz, sorgo, algo en invierno, ayudándolo con algún manejo adecuado tal vez se pueda reacomodar. Pero hay otras situaciones donde hay que arrancar de cero, resetear y empezar a trabajar con otro esquema de rotación.

¿Cuánto se sembró de invierno?

En trigo había una intención de siembra importante, pero no creo que se haya llegado a 250.000 hectáreas. Y en cebada hay un avance fuerte, pero no tengo claro si el norte (Paysandú y Río Negro) logró cumplir el objetivo. Creo que entre trigo y cebada estaremos muy cerca de las 400.000 hectáreas, y en colza se nos pierde el panorama, porque en mayo fue muy llovedor, cuando es la fecha ideal de siembra. Se hizo área pero muy por debajo de las expectativas que había en marzo, y quedamos lejos de las necesidades  para la rotación del sistema y para optimizar la cadena productiva en agricultura de secano.

¿Qué área de soja espera para la próxima siembra?

Soy optimista. Pienso que 1 millón de hectáreas será el piso. Dependerá del precio, si el mercado se recupera quizás se pueda tender a un área similar a la del año pasado, donde los próximos 60 días serán determinantes en este aspecto. Pero no debemos olvidar la fuerte descapitalización del sector y los problemas financieros, donde además tenemos que mejorar la cobertura de los seguros que ante esta situación pasan a jugar un papel muy importante.

¿Hay semilla para 1 millón de hectáreas?

De producción nacional no, habrá que ver lo que se pueda importar. El número será justo, pero en la medida que se pueda conseguir semilla en la región se debería lograr el objetivo. Si en 2016 se logró, creo que ahora también.

¿No es más grave ahora que en 2016?

Sí, porque Argentina ayudó mucho en aquel momento, pero ahora está con mucho menos oferta de semilla; Paraguay está justo y nos queda Brasil, donde el costo es muy superior al de Argentina, y el flete también es importante, porque las distancias son mayores.

¿Cómo ve financieramente al sector?

Es lo que más preocupa, la situación financiera golpea a toda la cadena, porque está claro que de un año a otro la facturación cayó en unos US$ 700 millones, pero hay US$ 400 millones que son pérdidas para el productor y a esto hay que sumar lo que perdió el resto de la cadena. Habrá que ver si todos pueden acomodarse y reinvertir otro volumen importante por hectárea, habrá que ver como se alinean los proveedores financieros, de insumos, acopiadores, exportadores.  Esas dudas quedan para saber si se llegará o no a 1 millón de hectáreas de soja en la próxima zafra.

 

TARJETA PERSONAL

Germán Bremermann se recibió de ingeniero agrónomo en 1992. Trabaja en Erro desde 1993, primero integrando el departamento Técnico de Investigación y Desarrollo (I+D), del que fue responsable técnico entre 1996 y 1999; fue el responsable comercial de Semillas entre 2000 y 2004; y desde 2005 integra el Comité de Dirección, siendo además gerente de Agronegocios; y desde 2015 también es gerente Comercial.