Montevideo, 13 de Agosto 2020

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Agricultura

La agricultura plantea rotaciones más diversas buscando estabilidad

1 agosto, 2020

Crece el área de maíz, soja de segunda, colza y pasturas, con mejores resultados productivos, gracias a la mejora genética y manejo agronómico, entre otras tecnologías

La zafra 2014/15 tuvo el récord de área de soja, alrededor de 1,5 millones de hectáreas (has). La superficie se sustentaba en los precios de la oleaginosa, que en las cuatro zafras precedentes tuvo un promedio de comercialización cercano a los US$ 500 por tonelada.

En ese momento se había sembrado con costos acordes a la expectativa de un precio que rondaría los US$ 500 por tonelada, pero finalmente cayó 30% y la producción se comercializó a unos US$ 350 por tonelada.

Eso generó múltiples inconvenientes y secuelas, algunas de las cuales aún permanecen. Porque luego de esa situación la agricultura uruguaya debió sortear una serie de hechos que también arrojaron resultados negativos.

Gordon Storey, director de Kilafen, describió esa situación y los problemas ocurridos en los años siguientes, en una entrevista publicada en la edición 83 de VERDE. “En la zafra 2015/16 nos encontramos con un abril que fue de los más lluviosos de la historia del país, eso nos pudrió la cosecha de soja, no había calidad de exportación. En la campaña 2016/17 tuvimos una buena cosecha, y después llegó la sequía de la zafra 2017/18, una de las peores que Uruguay recuerda, que nos hizo perder casi un 70% de la cosecha. Tuvimos baja de precios y la pérdida de dos cosechas en tres años. A eso le sumamos el atraso cambiario y costos altos. Es un combo muy difícil de sobrellevar”, planteó.

Hace cinco años, en la zafra 2015/16, comenzaba el retroceso del área de soja, que decreció alrededor de 8% por año, para llegar a cerca de 1 millón de has en la zafra 2019/20.

Según la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), el trigo en ese entonces ocupaba 330.000 has, la cebada 93.000 has, había 25.000 de colza y 40.000 has de avena. El verano se complementaba con 90.000 hectáreas de maíz y 80.000 de sorgo.

En esa zafra, 70% de la soja era de primera y 30% de segunda; mientras que el maíz de primera representaba el 80%, según DIEA.

En la actualidad, el área de trigo se ubica en unas 220.000 has; la cebada (en esta zafra por el Covid-19) está en unas 150.000 hectáreas; la colza se acerca a las 90.000 hectáreas; la carinata a las 10.000 has; la avena llega a unas 20.000 has; y además viene creciendo la producción de cebada forrajera y la producción de semillas forrajeras.

A su vez, en los cultivos de verano se viene observando un fuerte crecimiento en el área de maíz, y hay varios operadores que ubican su siembra en 150.000 has.

¿Qué ha pasado en cinco años? Hubo empresas que ajustaron su sistema de producción, otras ya no están, varias que se presentaron a concurso de acreedores, y además hoy se observa una capacidad ociosa en puertos, acopios, transporte y maquinaria.

Mientras tanto, hay una tendencia creciente de los rindes, pero en el promedio el que crece menos es el de soja. Según datos de Fucrea, el promedio de productividad de los años 2015 a 2019 frente al promedio de 2006 a 2014, crece para todos los cultivos. El incremento en trigo es de 13%, en cebada 26%, colza 26%, maíz de primera 33%, maíz de segunda 20%, soja de primera 3%, soja de segunda 6%, sorgo de primera 1% y de segunda 6%.

Otro de los cambios observados es que el porcentaje de soja de primera bajó a 55% del área sembrada, según los datos del Observatorio de Oleaginosos. En 2019, de acuerdo a DIEA, se observa que 53% de la superficie agrícola total se realiza en campos arrendados, 39% la hacen los propietarios de campos y mediante aparcería se siembran el 6,4%, mientras que 1,25% corresponde a otras formas.

El reacomodo del negocio agrícola

El ingeniero agrónomo Esteban Hoffman director general de Unicampo Uruguay y docente de la Facultad de Agronomía señaló a VERDE que a nivel general es evidente que el tándem cultivos de inverno-cultivos de verano está funcionando mejor, esto ha llevando “a que crezca la proporción de cultivos de segunda y esto se da porque crece el área cultivada de invierno, pero también porque baja el área de primera”.

Desde hace unos 5 años, “observamos mejoras consistentes en el manejo de los cultivos de segunda, ya sea soja o maíz”. Al enumerar los elementos que marcan la evolución en el manejo de la soja de segunda, comenzó por la fertilización, “vemos un aumento en la proporción fertilizada como lo hacen con la soja de primera. Es más difícil o menos frecuente, ver una soja de segunda sin fertilización. Hoy, frente a la foto en el pico del área de soja en la zafra 2014/15 notamos cambios también en otras variables de manejo”.

Comento el cambio en los antecesores, la proporción de área de soja sobre cultivos de colza y cebada supera a la de trigo. Comienza a generarse un cambio en la secuencia agrícola. Hace unos 5 años ésta estaba dominada por: trigo – soja de segunda – cebada. Ahora, “por las enfermedades y el cambio en la posición del cultivo de cebada, la cebada antecede a la soja de segunda”. Ello implica, “junto al incremento de la proporción de canola en el invierno, un cambio sustantivo en la calidad de los antecesores de los cultivos de verano de segunda”.

“Se nos meten las pasturas en el área que estaba ocupada por agricultura en el pico de expansión agrícola, porque el área agrícola viene cayendo desde hace 6 años a razón de 80.000 a 100.000 hectáreas por año y no se ven chacras abandonadas o sin cultivar, por todos lados. Desde el pico del área agrícola hay cerca de 500.000 hectáreas menos (seguramente la mayoría de ellas con pasturas), aunque todavía no han vuelto al circuito agrícola masivamente. Si tomamos en cuenta como referencia los datos de Fucrea, todavía es muy baja la participación de las pasturas rotando”, señala Hoffman.

Dijo que “eso es área agrícola que volverá a sembrarse una vez que las pasturas terminen su fase productiva, es lo natural porque la agricultura juega su papel. Lo que no sabemos cuándo se dará eso y en qué proporción. También es cierto que se forestaron muchos campos que antes estaban en agricultura, y no sabemos en qué proporción. Hoy no se si tenemos ésta información para responder esa pregunta”.

Indicó que de acuerdo a los datos de la Red Agrícola Uruguay, surge que en las empresas que han venido mejorando la productividad, “la aptitud del suelo no es la variable principal. Si lo es la proporción de doble cultivo, con cultivos de invierno y de segunda con mayor productividad consistente (no solo cuando el año es climáticamente favorable). Se cuela fuerte el maíz, con un incremento que lo podríamos tildar de sorprendente, aunque hay que descontar algunas particularidades por su área y selección de ambientes”.

Agregó que el otro cambio a destacar, “y que aparece como variable importante a resaltar de las empresas con alta productividad, es el manejo mejorado de la nutrición”. Además, si no consideramos el efecto edad chacra, aparece algo que denominamos “efecto campo” y es el que sí explica el cambio por encima del efecto año. “Es el que resume la mejora del manejo en general, no solo de la nutrición, e incluye la selección de mejores cultivares, sembrados en mejor fecha de siembra y mejores secuencias de cultivos”.

Hoffman menciona que “hay muchas cosas que cambian rápido, la soja de primera como cultivo principal o superdominante. Se está pensando más en maíz de lo que se estaba dispuesto no hace mucho tiempo atrás, comienza a cambiar el lugar de este cultivo (más maíz de segunda). Lo que no sabemos y tampoco intentamos pronosticar es para donde migrará y nos encontrará en 5 años”.

El ingeniero agrónomo Diego Guigou, gerente de producción agrícola de ADP, dijo a VERDE que en la actualidad la rotación de la empresa está compuesta por al menos seis cultivos y, “le ha sacado peso a la soja y ha subido el maíz tanto de primera como de segunda”.

Además, entre 70% y 80% de la superficie tiene doble cultivo, “donde los corrales de engorde son un motor importante para sostener las áreas”.

Señaló que el sistema se ha venido transformando en estos últimos años, “la interacción agrícola-ganadera nos ha permitido hacer trigo y cebada en Paysandú o en Caraguatá (Tacuarembó)”.

La secuencia agrícola comienza con “una soja de primera, colza, soja de segunda, cebada, soja de segunda, trigo, maíz de segunda y avena sembrada con avión. Ese cultivo de cobertura nos brinda un buen colchón de rastrojo que, si bien dificulta la siembra, el manejo de bicho bolita y otros aspectos, nos permite mantener la poca humedad que en Uruguay se puede conservar”.

Guigou indicó que en la rotación “está entrando la carinata y comenzamos a testear la vicia como cultivo de cobertura, buscando el aporte de nitrógeno, para luego ir a un maíz de primera, con 50% de nitrógeno”.

Sostuvo que el maíz de segunda viene con buenos resultados y eso sustenta su lugar, “también inciden otros elementos como el manejo de malezas y sustentabilidad del sistema. Cuantos más cultivos más diversificación y eso impacta favorablemente en los números de la empresa”.

Señaló que los rindes en soja vienen aumentando, aunque “este año fue difícil de medir, porque la sequía fue por barrios. Pero en cada zona venimos incrementando el rinde, salvo el año de la sequía extrema o este último, que también tuvo zonas con un marcado déficit hídrico”.

El ingeniero agrónomo Néstor Leguisamo, asesor agrícola en Soriano, Río Negro y Colonia, dijo a VERDE que el manejo en agricultura apunta a lograr altos rindes. “Se fertiliza lo necesario, sobre la información que surge de los análisis de suelos. Hay mucha capacidad de siembra, y eso impacta en un elemento clave: la fecha y la calidad de la siembra. Sobre todo en las de segunda, donde se está más a contra reloj”, señaló.

Agregó que el avance del doble cultivo y la inclusión de pasturas, “está impactando positivamente. Hay casos donde las chacras tuvieron dos años de pasturas, volvieron al circuito agrícola, y los resultados fueron muy buenos”.

Consideró que se está abriendo una brecha entre los campos bien rotados en agricultura continua, los que incorporaron pasturas y los que siguen con soja, verdeos y muy poco cultivo de invierno. “La diferencia es muy importante, de unos 800 kilos de soja por ha. Se está dando que en suelos con menos aptitud, pero con un manejo acorde, hay más productividad”.

Leguisamo señaló que hay casos de agricultura continua, intensiva en la rotación, con diversidad de cultivos, “que están logrando muy buenos rindes”. Detalló que se trata de sistemas “con el maíz inserto desde hace varios años, mucha área de invierno, coberturas que son aprovechadas por el ganado; pero lo hacen tomando los recaudos necesarios para no alterar la dinámica agrícola, dejando un barbecho de 40 o 45 días”.

Consideró que ese planteo, frente a una rotación agrícola con pasturas, “no tiene diferencias de productividad”, y que “incluso en los buenos campos agrícolas hay más rinde. Eso se sustenta en tener una rotación establecida, que no cambia en función del año, y con mucho maíz”.

En ese caso hay un planteo de alta tecnología, “apuntando a cuidar el suelo con una rotación diversa, pensando en sacar kilos; allí los números son muy buenos”.

Leguisamo dijo que el maíz viene creciendo y también los rindes, “eso está impactando positivamente en el sistema, se ve en los rindes de la soja posterior y también en el manejo de malezas. El maíz viene siendo buen negocio por el dinamismo que tuvo la ganadería, aspecto que incidió en la comercialización del cereal, esperemos que el negocio ganadero retome el ritmo que traía porque es importante para el maíz”.

A la vez, indicó que en el manejo del cultivo de soja “ingresó el control de yuyo colorado, y el costo del manejo de malezas aumentó de US$ 50 a unos US$ 100 por ha”. Recordó que “hace siete u ocho años, con siete litros de glifosato estaba todo arreglado, pero hoy no”.

Leguisamo sostuvo que en soja se viene observando desde hace algunos años que se logra más rendimiento por el avance de la genética. “Se viene aplicando la misma tecnología, el mismo planteo y vemos que los rindes van subiendo. En años climáticamente buenos se ven chacras con rindes por encima de los 4.000 kilos por hectárea. Comparando la zafra 2018/19 y la de 2016/17, que tuvieron buen nivel de lluvias, pudimos observar diferencias en los rendimientos asociados a la genética. Hay variedades de punta que claramente se nota que rinden. Se va dando un recambio varietal, pero es un proceso que está costando”.

El ingeniero agrónomo Juan Manuel Erro, gerente de Producción de Villa Trigo, dijo a VERDE que “se mira mucho el resultado del sistema y la secuencia de cultivos. La rentabilidad es la suma del aporte económico o agronómico de cada uno de los integrantes”.

Agregó que “la soja es la que tira del carro, pero está mucho más inserta en un sistema de producción que quizás es más complejo pero permite un uso más eficiente de todos los recursos productivos, humanos, maquinaria y demás. Hoy la intensificación y la diversificación es lo que manda en las empresas, es lo que aporta una mayor estabilidad y desestacionalización de ingresos”.

Resaltó que, tanto en cultivos de invierno como en los de verano, “el riesgo precio se combate con productividad. Por eso apuntamos a tener el menor costo posible por tonelada producida. Se busca realizar cultivos con alta tecnología, porque vemos que la diferencia en la inversión frente un cultivo con un planteo de tecnología media no es importante, pero sí hay notables diferencias en la productividad obtenida”.

Consideró que en la actualidad se tienen más opciones, tanto en invierno como en verano. “Si bien el trigo y la cebada tienen un rol importante, se suma la colza y otras especies, que son importantes, no solo en el número sino también en la secuencia. La colza es un claro ejemplo. El número del negocio del cultivo quizás no es el más atractivo, pero en la secuencia tiene impactos muy interesantes, no solo en la soja siguiente sino también incluso en el trigo o cebada, en la siguiente secuencia de invierno. En verano sucede lo mismo, la proporción de soja sigue siendo la de mayor protagonismo, pero crece el maíz, y el sorgo se mete en ambientes donde los suelos no son propicios para hacer maíz”.

Recordó que hace algunos años la soja de primera ocupaba 70% del área total y la de segunda 30%, pero “hoy tenemos más del 60% soja de segunda y por debajo del 40% de primera. Se invirtió la relación, y por lo tanto se aumentó en intensificación. No nos enfocamos en analizar la rentabilidad en un cultivo per se, sino que lo que importa analizar la rentabilidad de las secuencias”.

Erro también mencionó otros cambios. “Hace un tiempo, luego de un maíz de primera, se pasaba a soja de primera. Ahora estamos introduciendo la colza o carinata, luego una soja de segunda. Se intensifica la rotación se hacen tres cultivos en un año”, detalló.

Consideró que “se ha mejorado muchísimo el manejo de los cultivos que la genética viene aportando lo suyo en soja, maíz y en el resto de los cultivos y que las malezas son un desafío importante y están presionando al sistema.

“Los herbicidas son uno de los principales costos, pero con rotaciones vemos que la secuencia permite encarar de otra forma a ese problema, más cultivos, cultivos de cobertura e incluso cosas nuevas como el rolado nos permiten ampliar las opciones para enfrentar dicha situación”.

Agregó que “hay cosas que no son nuevas pero en años complejos se marcan, vemos que la rotación con pasturas en los sistemas agrícolas, que genera diferencias muy importantes. El ingreso a una fase de pasturas o una leguminosa anual realizan un aporte destacado a los sistemas, y la secuencia agrícola se ve beneficiada con más productividad”.

Sostuvo que “la inclusión de las pasturas va de la mano de la tenencia de la tierra, de la duración del arrendamiento, en definitiva, del relacionamiento con el dueño del campo”

Erro mencionó que los seguros de rendimiento van tomando más preponderancia, el sector ha ido tomando una madurez bien interesante, y existe más área con seguros de rinde o de riesgo climático. “Nos falta tener más superficie asegurada, como sucede en otros países, lo que permitiría tener masa crítica y, por ende, precios más atractivos”, planteó.

En un sistema que se ha diversificado, pero sigue teniendo a la soja como el principal cultivo, el ingeniero agrónomo Diego González, de Agromotora Flores, marcó algunos cambios en el manejo del cultivo. Describió que la fertilización en soja “se está ajustando cada vez más y estamos viendo diferencias desde la siembra”

Indicó que se han observado inconvenientes con la disolución de los fertilizantes tradicionales, “en la última zafra, en la parte más seca, llegamos a cosechar con nutrientes sin disolver. Hay cosas para seguir afinando”.

En la zona de Flores algunos productores comenzaron a utilizar fertilizantes líquidos, que “funcionaron mejor en un año como el anterior. Estamos fertilizando en la línea y con eso mejoran las implantaciones”, aseguró.

González dijo que “la forma de fertilización está cambiando, y se observan algunas puntas que nos pueden llevar a resultados distintos a los que estamos obteniendo. Sembramos con menos kilos de semilla y mayores porcentajes de logro de plantas. Hay una reducción de semillas con mejor performance. Tenemos mejores implantaciones, totalmente distintas”.

En la densidad hay terreno para avanzar, “cada compañía viene con su recomendación para cada variedad y para cada ambiente, los agrónomos estamos llevando eso al campo y seleccionamos materiales de acuerdo a la chacra, y sobre esa base se define la tecnología a utilizar. Con todas esas variables estamos manejando el cultivo y aún hay más para seguir ajustando. Hoy la soja es por ambientes, a partir de allí se elige el material”.

En nuestra área “hemos ido sumando más tecnología a la inoculación clásica, más curasemilla e insecticida. Ahora se suman promotores de crecimiento, hormonas, cobalto, molibdeno. Se incursiona en la fertilización foliar, aminoácidos y demás. Esto es reciente, pero veo impactos positivos en el cultivo. Vamos a cultivos que requieren más inversión, pero que tienen más potencial”.

Al ser consultado sobre la evolución, consideró que es un cultivo que sigue en movimiento y al que siempre se le están buscando variables para sacar más kilos.

“Hemos ido mejorando año a año en calidad de siembra, densidad, fertilización, se le suma más tecnología. La productividad en soja va mejorando, esa mejora se pierde vista si se observa año a año, pero la serie histórica va mejorando. Si bien los números eran otros, hace 10 años los 2.000 kilos de soja por ha no eran observados con disgusto. Hoy se están explorando los 3.000, 3.500 kilos, y empezamos a ver chacras de 4.000 kilos de soja por ha en esta zona, que está del promedio para abajo”, afirmó.


NOTA DE REVISTA VERDE N° 86