Montevideo, 20 de Octubre 2019

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Indicadores optimistas para la rentabilidad del negocio agrícola

Para 2019/20 se espera que el área de soja se mantenga relativamente estable, pese a la existencia de riesgos a la baja, ambientados por una creciente competencia de la ganadería y la forestación, productores que arrastran dificultades financieras y tierras marginales con más costos, según analizó el economista Pablo Rosselli, de la consultora Deloitte, en el 8° Encuentro Nacional de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, actividad titulada Construyendo un agro sustentable – una mirada en profundidad al sistema agrícola, donde hubo variados aportes en la Cámara Mercantil de Productos del País.

Rosselli señaló que “probablemente sea difícil” repetir los rendimientos de 3.000 kilos por hectárea, y estimó que con 2.700 kilos por hectárea, si se siembra igual área, se obtendrían 2,9 millones de toneladas.

Los precios de la soja en Chicago pautan una tendencia alcista para los próximos meses, anunció, con una referencia cercana a US$ 340 por tonelada a mayo 2020.

Estimó que los costos por hectárea se reducirían en 2019/20, en un marco de menores rindes, abaratamiento de la semilla y suba del dólar. El costo estaría en US$ 520 y con una hipótesis de precio de US$ 320, al productor le dejaría un margen de US$ 345 por hectárea, antes de pagar renta.

“Por eso tendemos a pensar que el ajuste de costos para la agricultura de soja se produjo con un área más chica que la que tuvimos, por lo que la rentabilidad de la soja estaría volviendo a valores razonables para el productor”, opinó.

Teniendo en cuenta su relevancia en el sector agrícola y en los servicios, la soja fue clave para sostener más de 10.000 empleos en la economía en 2018. Esto incluye trabajadores agrícolas, proveedores de servicios y transporte. Se estima que, con la recuperación de la producción sojera de esta zafra, durante 2019 sean requeridos 12.000 empleos.

Los ingresos de divisas por exportaciones del complejo sojero casi se duplicaron en el ciclo actual, respecto al anterior, y estarán entorno a los US$ 1.000 millones. Esta vez el clima colaboró y el motor sojero recuperó sus bríos. Así, volvió al tercer escalón entre los rubros de los agronegocios por exportaciones, por debajo de carne y la celulosa, cuando el año pasado, con US$ 521 millones, había quedado en el cuarto escalón, debajo de los lácteos.

En el informe presentado por Rosselli, se señaló que este año se produjeron algo más de 3,2 millones de toneladas, 123% más que las 1,4 millones de toneladas del ciclo anterior, y con un volumen 20% por debajo del récord de 2016/17; no obstante es de los mejores de la historia agrícola uruguaya.

El rendimiento promedio en 2018/19 fue 2.970 kilos por hectárea (3.143 kilos en soja de primera y 2.817 en la de segunda), detectó la consultoría “Sistematización de Indicadores para el conglomerado oleaginoso”, realizada entre julio y agosto.

El clima permitió un fuerte rebote de los rendimientos medios, que se acercaron al récord de 2016/17 (cuando superaron levemente los 3.000 kilos), creciendo 145% respecto a los magros logros de la zafra anterior (1.214 kilos de media). Esa fuerte recuperación sucedió en todo el país, pero fue más notoria en zonas de mayor aptitud agrícola.


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