Montevideo, 18 de Junio 2019

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Agricultura

Incluir en el sistema el valor de comunicar las Buenas Prácticas

Los agronegocios deben relacionarse con la comunidad para explicar cómo se producen los alimentos y bajar el nivel de desconfianza y reticencia hacia el sector productivo

Cómo proceder del modo adecuado ante la existencia de un nuevo paradigma entorno a la producción de alimentos fue uno de los aspectos claves que abordó el ingeniero agrónomo Víctor Piñeyro en una reciente exposición. El profesional, director del Observatorio de Comunicación de Agronegocios, disertó en la Jornada de Cultivos de Invierno de la Federación Uruguaya de Grupos CREA (Fucrea) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), invitado por la Cámara de Comercio de Productos Agroquímicos del Uruguay (Camagro).

En ese ámbito, por ejemplo, señaló cómo actuar ante la tensión existente, ya que los recursos naturales están al límite. La demanda no parará de crecer y existe una necesidad ineludible de producir más. El profesional también habló de la utilidad del concepto de la “licencia social”.

Una demanda absolutamente genuina

Sobre el tema seleccionado para la charla, explicó que le pareció oportuno “poner en valor” el conflicto de la producción con el ambiente.

Es un conflicto “instalado definitivamente, con el cual vamos a convivir de acá a la eternidad, y con el que conviven todos los técnicos e investigadores».

«Me parecía que era un buen punto para resaltarlo, desde el origen, explicando la tensión que existe entre los recursos escasos y la demanda cada vez más acelerada que va a tensionar este conflicto permanentemente. Este conflicto está instalado en instancias de agenda a nivel global, de las Naciones Unidas, en el Vaticano y desde allí se derrama a las agendas de opinión pública y finalmente explota en nuestros televisores, radios y redes sociales”, comentó.

Añadió que lo que explota allí “es una demanda de la comunidad en general, y esa demanda es 99,99% genuina, de gente que quiere saber cómo producimos sus alimentos, cómo son los procesos, qué calidad tienen”.

No obstante, Piñeyro precisó, “queda un ínfimo porcentaje que hace de esto una bandera ideológica, que no creo que sea el punto de preocupación para nosotros. Sí es un punto de preocupación generar respuestas sólidas, que den garantías a ese 99,99%, que tiene todo el derecho de saber cómo hacemos las cosas”.

En ese desafío de dar respuestas, existe una herramienta que Piñeyro entiende es fundamental, aludiendo al concepto de Buenas Prácticas. “Por ahí, desde afuera puede ser considerado como algo marquetinero, pero en realidad es una poderosa hoja de ruta, una guía, una vara a donde apuntar, de muchísimo valor para la producción. Porque permite entender que absolutamente en cualquier tipo de producción agropecuaria ya existe un cuerpo de conocimientos técnicos y científicos que son los que hoy se consideran que aseguran sustentabilidad económica, social y ambiental”, señaló el profesional.

Tras enfatizar que “eso ya está disponible”, complementó: “nadie que no haga Buenas Prácticas puede decir que no las hace porque no las conoce. Podrá decir que no las hace porque no puede, porque le falta capacitación o porque no tiene una adecuada estructura, pero no que no las conoce”.

Entonces, añadió, “teniendo ese concepto de Buenas Prácticas y teniendo en cada actividad agropecuaria el manual para hacer las cosas, tenemos el 90% del camino ganado. El resto es hacernos cargo de ese desafío y comunicar a la comunidad que tenemos esa herramienta y cómo la usamos”.

El nuevo paradigma

Posteriormente, aludió a la necesidad de aceptar lo que él llama un nuevo paradigma, señalando que empezó a trabajar en la agricultura hace 30 o 35 años, cuando el paradigma era otro. «Era muy difícil que alguien se interesara para bien o para mal de la manera en que hacíamos agricultura”, recordó.

Sin embargo, ahora existe un nuevo paradigma, derivado de la tensión antes mencionada, entre los recursos naturales que están al límite y una demanda que no para de crecer. “Ni va a parar de crecer”, ni se va a limitar la necesidad de producir más. “Eso está absolutamente claro”, remarcó.

“Este conflicto es un paradigma nuevo, tenemos que adaptarnos, no tenemos que enojarnos, ni molestarnos cuando nos vienen a preguntar y a cuestionar algo. Tenemos que generar mesas de diálogo para explicar, para debatir, es un trabajo de docencia y en forma más amplia es comunicación”, dijo.

Eso, puntualizó, no solo implica hablar, sino también escuchar. En ese sentido, admitió, “creo que nos hace falta un ejercicio, espiritual, que es escuchar activamente lo que la sociedad nos dice, analizarlo y después ver cuáles son las respuestas. Seguramente, en muchas cosas habrá percepciones de la comunidad que están equivocadas, que tendremos que aclarar, y en otras seguramente la comunidad tendrá razón y tendremos que rectificar la forma en que hacemos las cosas. Es un ida y vuelta».

«Cada territorio tiene que hacer lo suyo”

En otro orden, se mostró “parcialmente optimista” cuando se lo consultó sobre si proceder de ese modo puede contribuir a que se corrijan falsas percepciones que en la ciudadanía hay sobre diferentes realidades del sector agropecuario. “Creo que va a haber, y de hecho ya hay, casos en donde hay resultados positivos al haber abordado este desafío, pero en términos parciales, regionales, de segmento. No creo en la gran solución, que se de vuelta un poco esto a nivel global y en todos los aspectos y en todos los territorios. Va a depender mucho en la medida de que cada comunidad productiva, en cada región, se ponga al hombro esta responsabilidad.

Los lugares en los que se considere que esto es algo pasajero, una moda, que no merezca relevancia y no atiendan este problema, creo que van a tener problemas cada vez más graves. Hasta inclusive en algunos lugares se pueden aplicar restricciones normativas que los dejarían afuera del negocio. Te doy ejemplos, en la provincia de Buenos Aires, hay partidos enteros donde no se pueden hacer aplicaciones aéreas, con lo cual hay varias empresas que tuvieron que vender el avión y directamente se les terminó el negocio. Esto para mí no se va a resolver con una solución genérica. Cada territorio local tiene que hacer lo suyo y ahí aparecen los resultados”.

Concepto útil: “licencia social”

Señaló que en la presentación que hizo mostró experiencias con avances y equilibrios en comunidades que se han reconocido como tales para convivir, que siguen produciendo pero de una manera “mucho más armónica, con más diálogo, con más explicación. Todo esto lleva tiempo, energía, esfuerzo y muchas veces también lleva plata. Pero es para mí una herramienta tecnológica como puede ser una sembradora neumática, ponerle el piloto automático al tractor o comprar un fertilizante».

«Va a ser absolutamente necesario incluir en el sistema productivo esta pata de la comunicación y el vínculo con la comunidad, que te lleve a construir el concepto de licencia social, que ya está probado, que dio resultado en la industria petrolera, en la industria minera, que es un buen concepto. Tener conciencia que, además de los papelitos que te da el Ministerio para que puedas sembrar, usar semilla o tener animales y demás, necesitas una licencia que no está en ningún papelito, que es un intangible, pero es la que te habilita a una convivencia armónica, con buenas relaciones con tu comunidad y poder producir sin mayores conflictos y con los costos más bajos posibles”, indicó.

Porteras abiertas para mostrar empresas

Con relación a qué países están mejor posicionados en el abordaje de estas nuevas situaciones a contemplar, indicó que “para consuelo nuestro, esto no es un problema regional, de Uruguay y Argentina. Esto lo ves replicado en cualquier país, con una economía de agronegocios importante, fuerte. Los problemas de la percepción pública, los cuestionamientos, los prejuicios existen en casi todos los países poderosamente agrícolas del mundo. Muchos de ellos han empezado a trabajar estos temas bastante antes que nosotros y están más adelantados. Hay excelentes ejemplos de trabajos hechos para contener y poder conducir estos conflictos. Por ejemplo, en algunos lugares de Estados Unidos, en Canadá, en Inglaterra, en general en todo el Reino Unido y siempre hay un lugar para asombrarse por la creatividad y el nivel de los proyectos que se ven”, cosa que sucede en Australia y Nueva Zelanda, países donde siempre se encuentra “algo disruptivo”.

Mencionó, al respecto, una foto que expuso en la charla del líder de agronegocios de KPMG, una consultora que trabaja para el sector agroindustrial de Nueva Zelanda, en la que aparece levantando la mano, dando a entender que hay que darse cuenta de la necesidad de salir a contar lo que se está haciendo en la agroindustria. Está comprometida la performance del sistema agroindustrial de Nueva Zelanda, que es el motor y el corazón de ese país, lo que demuestra el nivel de reconocimiento de la afectación que hay en ese lugar.

Pero al mismo tiempo, dijo, “ves acciones, empresas, campos que abren sus tranqueras, invitan a la población, todo un día, para pasar un domingo con la familia, les muestran cómo son todos los procesos, buscan llevar el mensaje por canales que van directo al público que nos interesa. Un show de Paul Mc Cartney en Ouckland, ahí está el mensaje de la agroindustria australiana con los chicos que están en el show, o con una mini serie, es decir, tienen claro cuál es el canal para llegar a la comunidad”.

En cambio, admitió, “por ahí tenemos muchos prejuicios, pensamos que si nos ponemos a hablarle a los chicos que van al Lollapalooza no nos van a dar bolilla o nos van a criticar. Me parece que falta copiarles a estos países, en el sentido de cómo rompen esos paradigmas”.

Los casos de Argentina y Uruguay

Sobre el rol de los gobiernos en todo esto, mencionando la campaña emprendida en Uruguay por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, denominada Conciencia Agropecuaria, Piñeyro dijo que eso “juega un montón”.

Agregó que “para los productores que están con este tema del cuestionamiento, en algunos lugares hasta culposos porque es tanto el ataque que pareciera que estuvieran haciendo una actividad ilícita, tener el respaldo político es fundamental. La política agropecuaria no puede correrse de este tema, tiene que ser conciliadora, generadora de espacios de debate y respaldar fuertemente a los productores. Por supuesto que el respaldo debe ser a los productores que se alinean con los conceptos de las Buenas Prácticas, no a cualquiera que hace cualquier cosa”.

También manifestó sobre ello que “hay ejemplos en Argentina, donde hasta 2015 tuvimos un gobierno en el que la política agropecuaria fue totalmente agresiva y al revés, en vez de apoyar, aunque sea políticamente a los productores, cada vez que encontraba una oportunidad los agredía, también con estos temas ambientales y demás».

«El cambio de gobierno fue un cambio de 180° en ese sentido y hoy, más allá de que por ahí el Ministerio no tenga plata para darte ni para ayudarte con un programa, sí hay un respaldo político, eso le ha cambiado el talante al productor”, destacó.

En el caso de Uruguay, indicó que “todo el tiempo reconozco y remarco que el Ministerio, con respecto a zanjar esta grieta entre campo y ciudad, está haciendo un trabajo muy valioso. El programa de Conciencia Agropecuaria me parece de los pocos que hay en el mundo con esa visión estratégica, pensando que de ahí van a depender los recursos humanos que haya para fortalecer la economía uruguaya de aquí a varios años, porque Uruguay necesita mucho, es su perfil productivo más identificado y necesita gente que trabaje ahí. Y si esta grieta se sigue agrandando, no habrá recursos humanos porque nadie va a querer ir a trabajar ahí”.

Destacó en el marco de ese programa y de su visión estratégica, algunas series y videos que exponen sobre la integración campo-ciudad; también el seminario realizado en diciembre de 2018, recurriendo a presentar casos muy interesantes, como los de AgriAware, de Irlanda, concluyendo que “sí vale la participación de la política agropecuaria en esto, porque puede inclinar la balanza para un lado o para el otro”.


Lee la nota completa en Revista Verde N° 77