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Ignacio Buffa: “El coronavirus aceleró la tendencia, y se deben asegurar los procesos productivos”

21 mayo, 2020

21-05-2020 | El subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ignacio Buffa, destacó que Uruguay está preparado para asegurar a los consumidores del mundo la trazabilidad, inocuidad y sustentabilidad ambiental de los alimentos

La Emergencia Agropecuaria por sequía y la Emergencia Sanitaria por el coronavirus Covid-19 impidieron poner en marcha los proyectos que traían en carpeta las nuevas autoridades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de la administración que comenzó sus funciones en marzo.

Pero mientras se atienden estas situaciones urgentes, en paralelo se avanza en otros aspectos en los que los distintos sectores del agro uruguayo no pueden esperar si se quiere avanzar y estar a la altura de las circunstancias cuando se instale “la nueva normalidad”, como lo definió el presidente de la República, Luis Lacalle Pou.

En esta entrevista con VERDE, realizada a través de la plataforma Zoom, el subsecretario del MGAP, Ignacio Buffa, profundizó sobre diferentes temas en los que han trabajado las nuevas autoridades, además de dar su punto de vista sobre otros.

El jerarca anunció que se protocolizarán los procesos para la próxima Emergencia Agropecuaria, algo que no se había establecido; se refirió a las instancias semanales de trabajo que mantiene el MGAP con el Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), buscando las mejores opciones comerciales; se refirió a la situación de la industria frigorífica; al papel que deberá jugar el INIA en lo referente a temas ambientales vinculados con la producción; y a los seguros agrícolas, entre muchos otros asuntos.

Afirmó que después del coronavirus “será fundamental asegurar los procesos productivos, como lo puede hacer Uruguay”, porque más que nunca los consumidores exigirán información sobre la trazabilidad, inocuidad y sustentabilidad ambiental de sus alimentos.

¿Cuánto terminará impactando la sequía?

En este momento es muy difícil de cuantificar. En agricultura presentamos un dato preliminar sobre el área afectada hasta determinado momento, pero después de la segunda quincena de febrero se sumó un déficit hídrico en zonas donde el panorama productivo venía bien, y eso impactó también en los rendimientos de la soja. De acuerdo a la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA), estamos teniendo un rinde promedio de unos 800 kilos menos de soja por hectárea frente a la zafra pasada. Cuando termine la cosecha estará el número final, pero claramente es un golpe importante. Tenemos efectos puntuales y después están los dinámicos, que son complejos de cuantificar. Cuánto impactará el no haber acumulado pasto en el campo natural en el Sur y Este del país, o cuánto pegará en la condición corporal de las vacas para que lleguen a la primavera y se preñen nuevamente. No hay dudas que habrá efectos negativos y que serán importantes.

El comienzo al frente del MGAP fue desafiante, con Emergencia Agropecuaria y Emergencia Sanitaria. ¿Cómo se introduce el objetivo de gestión en ese contexto?

El 9 de marzo declaramos la primera región en Emergencia Agropecuaria, ahora hay 4,6 millones de hectáreas en emergencia, y seguramente se sume alguna región más. El 13 de marzo se declaró la Emergencia Sanitaria. Todo eso nos encontró cuando estábamos conociendo los procesos del MGAP, y alteró la actividad. Con la Emergencia Agropecuaria nos enteramos que no había protocolos de acción definidos para accionar. Cuando uno trabaja en la función gubernamental, lo importante es generar mecanismos o procedimientos que queden en la institución, y no en las personas que eventualmente ocupen esos cargos. Una vez que concluya esta emergencia, vamos a protocolizar todos los procesos para la próxima Emergencia Agropecuaria y, con eso, el país tendrá una línea de acción clara en estos temas. Es importante saber quién hace qué, cómo y cuándo, cosas básicas que no estaban. Lo otro importante, acá no nos quejamos y si tenemos que trabajar con esta situación de sequía y coronavirus es lo que nos tocó. Cuando Luis Lacalle Pou decía que este sería un gobierno para hacerse cargo, en estas situaciones queda claro que no era un mensaje de campaña. Con la soja a US$ 500 (por tonelada), el novillo a US$ 4 (por kilo a la carne), no hay seca y llueve en primavera o verano, es muy fácil hacerse cargo.

¿Qué tanto cambió eso al plan original?

Debemos atacar la coyuntura, pero no podemos perder de vista que tenemos que hacer cosas que favorezcan al desarrollo agropecuario. La planificación se va realizando. Uno de los desafíos es organizar internamente al MGAP, que tiene una gran estructura, dado que cuenta con más de 2.000 personas, muchas de ellas con causal jubilatoria; son 40 oficinas. En el trabajo con las diferentes cadenas sigue todo tal cual estaba previsto. Se están abordando temas como la competitividad del sector y los subrubros, los seguros agrícolas, la Oficina de Programación y Políticas Agropecuarias (Opypa) está evaluando el impacto de algunas medidas en el sector agrícola, la erradicación de la bichera, el cáñamo, los temas comerciales. Casi el 80% de lo que exportamos sale del sector agropecuario, entonces en esa área hay una cercanía natural con el MRE. Además, se ve potenciada por el relacionamiento de nuestro ministro Carlos Maria Uriarte con el canciller Ernesto Talvi, a lo que se suma la estrategia de inserción internacional que ha definido el gobierno. Todas las semanas tenemos instancias de trabajo con el MRE, buscando las mejores opciones comerciales. La agenda es permanente y busca resolver rápidamente los problemas que van apareciendo, como el caso de la carne y la miel en Europa, el arroz uruguayo en México, tema que ya quedó resuelto, así como para explorar las oportunidades.

¿Cómo se observa al sector ganadero?

El estado actual de la ganadería debe analizarse con lo que viene pasando desde el cierre del año pasado. Allí tenemos la situación de China, que impactó en la industria frigorífica, y se suma el coronavirus, que afecta a la demanda en China. Luego, el Covid-19 se expande y se generan problemas para colocar la carne en Europa, a donde va 10% o 12% del volumen, pero paga los mejores valores. Entonces, tenemos una serie de factores que vienen agregando complejidad al sector. Nuestra mayor preocupación pasa porque se reestablezca la demanda fluida por la carne vacuna. La cadena ganadera no se puede detener. Sabemos que Europa va a demorar, China viene mostrando algunos signos positivos, Israel puede aparecer también. Tenemos una crisis de demanda que ha detenido el comercio en algunos mercados.

¿Cómo ven a la industria frigorífica en este contexto?

Todo esto nos encuentra con una industria frigorífica que no está pasando su mejor momento y es un eslabón clave para que funcione la cadena cárnica. Hemos tenido reuniones con las cámaras industriales, también se han realizado con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Hay algunos planteos que se están evaluando, junto ambos ministerios y a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP).

¿Hacia dónde van los planteos recibidos?

A largo plazo apuntan a la mejora de la competitividad, pero también hay solicitudes de incrementar la devolución de impuestos, este es un pedido que también viene desde otros sectores, y es muy difícil avanzar por el delicado marco fiscal en el país. Por año el Uruguay paga en devolución de impuestos indirectos a las exportaciones unos US$ 250 millones, lo que representa en promedio 3% del precio FOB.

¿Qué plazos manejan para la definición de medidas la industria cárnica?

Estamos permanentemente discutiendo opciones y medidas para los diferentes subsectores del agro. Le entregamos al presidente Luis Lacalle Pou una serie de propuestas y planteos, que ya tuvieron su proceso de discusión en el MGAP. Pero hoy no podemos manejar plazos concretos para anunciar medidas. De todos modos, nuestra expectativa pasa por la reactivación de la demanda, porque eso es lo que tracciona a la cadena. Si eso no ocurre, no hay medida que pueda paliar la situación compleja que tiene la industria. Entendemos que en este contexto tenemos ventajas competitivas que comenzarán a marcar una diferencia, y es que podemos ofrecer trazabilidad e inocuidad. Si esto era importante, después del coronavirus será fundamental poder asegurar los procesos productivos, como lo puede hacer Uruguay. Con todo lo que pasó y está pasando, consideramos que las personas prestarán mucha más atención a estos aspectos. Crecerá la vinculación alimentos y salud, en esto Uruguay tiene transitado un camino, y ahora arranca el proceso para capitalizar lo realizado.

La actividad en los frigoríficos, salvo cuando el paro de una parte de la FOICA, no ha tenido interrupciones, en otros países hay problemas severos con eso, ¿cómo está trabajando el gobierno, con los empresarios y funcionarios para prevenir interrupciones?

El MGAP ha liderado algunos espacios de diálogo. El objetivo es claro, lo primero que se busca es preservar la salud de los operarios, tomando todos los recaudos para que eso sea posible, y lo otro relevante es mantener la actividad. El Ministerio de Salud Pública está definiendo un protocolo de trabajo que se viene discutiendo junto con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, funcionarios y empresarios. Es fundamental poder seguir faenando sin inconvenientes, porque es el camino de salida en las situaciones difíciles que tiene el sector.

¿Hay posibilidades de incluir en la Ley de Inversiones medidas que aportan sustentabilidad a los sistemas agrícolas, como la realización de terrazas o el encalado de los suelos?

Varios ministerios están discutiendo la actualización de decretos de la Ley de Inversiones. Y ese es un planteo concreto que hemos hecho desde el MGAP, porque son prácticas muy buenas que están asociadas a la sustentabilidad, pero no son computadas como inversión por la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones (Comap). También estamos analizando el tratamiento fiscal de algunos fertilizantes, que son fundamentales para la agricultura. Hay una diferencia con la ganadería, donde la fertilización con fósforo se puede descontar 1,5 veces, por ejemplo. El potasio es un nutriente importante en la agricultura y no tiene la misma posibilidad. Se analiza también modificar el tope que pueden descontar los arrendamientos agrícolas en el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), que hoy está en el equivalente a unos 600 kilos de soja. Con la reglamentación actual nos quedan unas 150.000 hectáreas que no pueden descontar el 100% del arrendamiento. Esas hectáreas están en la zona más productiva, y esos agricultores están pagando el costo oportunidad de todos los recursos. Son medidas que se están estudiando; junto al MEF se está evaluando el costo fiscal y también el impacto que puede generar cada una de ellas en el sector agrícola.

¿En seguros agrícolas cuál es el objetivo?

El tema seguros en el MGAP no es nuevo, vamos a capitalizar toda esa experiencia para los seguros agrícolas. Una de las limitantes que tenemos para avanzar es la información; precisamos información de rendimiento georeferenciada. En el MGAP contamos con la Dirección de Recursos Naturales Renovables (Renare), que tiene a toda la agricultura uruguaya georeferenciada. Por otro lado, hay un proyecto en la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), en el marco de la Generación de Bienes Públicos, donde se está trabajando a partir del registro de chacras de la Unión Rural de Flores (URF) y Fucrea, en el desarrollo de un seguro de rendimiento. Desde el MGAP queremos generar un vínculo entre Renare y ese proyecto, para ver de qué manera podemos escalar las experiencias, sobre la base del conocimiento que se va adquiriendo con el proyecto de ANDE, con la URF y Fucrea. El MGAP tiene técnicos en Opypa que vienen trabajando en el desarrollo de seguros, pero precisamos información sitio-específica; teniéndola nos permitirá avanzar. En la administración anterior del MGAP se venía trabajando en el manejo de la variabilidad climática-productiva, y hay muchas líneas que se van a mantener, porque entendemos que aportan al sector y al país.

En los seguros de rendimiento siempre se habla del costo, ¿qué mecanismo de financiación puede tener para que sea atractivo y gane escala? Porque la escala es un aspecto que también sirve para bajar el costo.

No tenemos desarrollado un instrumento técnico potente, cuando tengamos una herramienta técnicamente robusta pasaremos a esa etapa. Los seguros de rendimientos tienen un costo alto, porque no hay una figura intermedia que haga de analista de riesgo. Para eso se necesita información, y ahí identifico al proyecto de ANDE por la envergadura que tiene, así como a la Renare. Además, se vinculará y se trabajará con el Banco de Seguros del Estado y las compañías privadas. Debemos generar la propuesta técnica donde el gobierno tiene que participar, porque el objetivo es generar un seguro para toda la agricultura del país. Pero el instrumento debe ser lo suficientemente atractivo, para que los agentes comerciales lo puedan usar y rentabilizar.

Los datos oficiales sobre la superficie sembrada siempre generan ruidos. ¿Cómo ajustarán la información entre las diferentes unidades del MGAP?

En el tiempo que llevamos hemos tratado de vincular algunos espacios que estaban trabajando de forma bastante separada. La DIEA es la referencia estadística agropecuaria, y queremos que se vincule mucho más con Renare, por ejemplo, porque tiene y va a generar mucha más información de la que se conoce. Las áreas de cultivos, en base a la rotación presentada, debe ser mucho más accesible para todos los actores. Tengo una vocación muy fuerte hacia la información, y considero que el aporte de información de calidad a los diferentes agentes que toman decisiones en los distintos eslabones y en cualquier cadena, siempre es positivo. La información nunca es un exceso y este ministerio trabajará en la generación de información potente, porque tiene la capacidad de hacerlo. Ya lo hicimos con el informe Compraventa de tierras, donde agregamos el valor de la tierra por rango Coneat. A medida que vamos conociendo las diferentes unidades vemos que hay mucha información. Entonces, donde se pueda y haya capacidad de ejecución, este ministerio pondrá arriba de la mesa la mayor cantidad de información posible a disposición de los agentes.

Destacaba el papel de la trazabilidad y la inocuidad, ¿qué pasa con los aspectos ambientales, que son cada vez más demandados?

Es una parte muy importante de la diferenciación. Está en marcha un proyecto del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que cuantificará la cantidad de carbono que emiten y fijan los sistemas ganaderos. Es la primera vez que se trabaja en Uruguay sobre el balance de carbono, y le vamos a poner mucho énfasis porque el consumidor lo demanda. La investigación agropecuaria tiene que tener un rol protagónico en los temas ambientales. No ha tenido el liderazgo que debe tener, de acuerdo al papel que juega el agro en la economía y en la sociedad. El INIA, en nuestra administración, será la institución referente en los temas ambientales vinculados al campo. Será la que lidere el trabajo para demostrar y mostrar la forma en la que se produce en Uruguay. Esto no ha sido así, y otras instituciones han estado trabajando en estos temas.

¿INIA será responsable de responder a las demandas ambientales internas y del exterior?

Exactamente. En la historia reciente INIA ha relegado el liderazgo en los temas ambientales a la Facultad de Ciencias, creemos que tiene un invalorable aporte. Pero debe ser INIA el que marque la investigación ambiental vinculada al agro, partiendo de la lógica de armonizar lo ambiental con lo productivo, sabiendo la demanda que tiene la sociedad y los consumidores. Producimos de una forma que es la buscada por el mundo demandante de alimentos, y podemos demostrarlo. INIA en eso tiene un rol clave. Además, se le suman el Sistema Nacional de Información Ganadera (SNIG), el Instituto Nacional de Carnes (INAC), la Dirección General de Servicios Ganaderos, DGSA, Renare, entre otros. Tenemos muchos ámbitos que generan muchísima información de los sistemas productivos, que la vamos a tener que traducir en una propuesta de valor para un mercado que ponderará cada vez más la trazabilidad, la inocuidad y lo ambiental.

A esa propuesta de valor hay que presentarla rápido, porque los rivales también juegan ¿El Estado está en condiciones de responder rápido?

Estamos trabajando para eso. Es un gran desafío, uno lo cuenta y parece muy fácil, pero debemos llegar a una propuesta de valor para que haya menos restricciones en los mercados. Acá no solo entra la carne que tiene una parte avanzada y está el arroz que tiene un camino recorrido también. Queremos que ingresen el resto de los productos del campo, algunos cuentan con fases avanzadas. Es un gran desafío, lo positivo es que tenemos con qué hacerlo.

A propósito, ¿qué línea de acción se marcará desde el MGAP con los agroquímicos?

Hay temas internos que generan ciertos atrasos en el registro de productos. Nuestro objetivo es pisar el acelerador, porque no estamos pudiendo usar productos por esa situación. Debemos producir de la forma más inocua posible, y hay cosas que van en esa línea, cómo el monitoreo de aplicaciones. Eso se mantiene y se va a potenciar. Hemos tenido un antagonismo muy fuerte entre las autoridades ambientales y las productivas.

¿Hoy se tiene sintonía en esos temas?

Este gobierno no se va a comprar los problemas del anterior. Estamos discutiendo con la FAO algunos proyectos muy interesantes, donde estará el Ministerio de Medio Ambiente y el MGAP estará articulando.

¿En agroquímicos se buscará acelerar los registros sin descuidar las exigencias establecidas para que un producto llegue al mercado?

Exactamente.

¿Y en fertilizantes?

Debemos ir a una normativa acorde a lo que es este tiempo. Se dejó en suspenso una resolución con la cual, en líneas generales, coincidimos, pero consideramos que los tiempos para comenzar a ejecutarla no eran los adecuados. Ahora se generó una instancia de trabajo con las empresas del sector, para ir ajustando todas las condiciones y comenzar con una reglamentación que apunta a altos estándares de calidad, contemplando temas ambientales. Sigue una lógica similar a la que tiene el registro de agroquímicos.

¿Y la habilitación de eventos transgénicos, que tiene una historia reciente bastante compleja, cómo se realizará?

Uruguay no puede estar rezagado con eventos biotecnológicos frente a los competidores, eso nos quita competitividad. Desde el MGAP, teniendo todos los resguardos necesarios, queremos estar a la vanguardia en eventos transgénicos.

Los eventos pasaban la fase técnica y se trancaban en la fase política, ¿cómo será ese proceso con este gobierno?

Todavía no hemos tenido reunión con el Comité de Bioseguridad. Pero la intención es avanzar rápidamente, y de forma armónica. Si lo técnico está resuelto, a nivel política habrá un alineamiento para que no suceda lo que venía pasando.

¿Cómo viene la competitividad del campo uruguayo?

Los problemas que había hace seis u ocho meses siguen estando. Las tarifas siguen siendo altas, tenemos costos internos altos y demás. Si bien la competitividad no es únicamente el tipo de cambio, la suba del dólar ha venido impactando positivamente en las cadenas agroexportadoras. Debemos medir bien cuánto de la suba del tipo de cambio se transformará en competitividad real, porque la suba del dólar genera presiones inflacionarias.

¿Se van a bajar costos en el MGAP?

Hay un decreto que nos obliga a reducir costos y cada una de las unidades ejecutoras y directores está haciendo cumplir ese decreto de ahorro que puso el Poder Ejecutivo. Hay un compromiso de ahorrar, porque tenemos un déficit fiscal alto, y será más alto por la crisis sanitaria.

Los productos con ciclos biológicos cortos pueden jugar un rol importante para la reactivación económica, porque dinamizan rápidamente la actividad, ¿cómo ve el financiamiento de estos sectores?

Estamos siguiendo de cerca la agricultura y los mercados. Desde la DGSA se está trabajando con el sorgo, para que pueda ingresar a China. Es muy importante que los granos tengan mercados abiertos, porque se generan opciones como se ve en los cultivos de invierno. Entendemos que la agricultura es un sector relevante, por el dinamismo que genera en las economías regionales y en el país en su conjunto, por eso debemos apuntalarla lo máximo posible. Hemos tenido las primeras reuniones con el Banco República para analizar opciones de financiamiento, que siempre es un tema importante y más aún en estas condiciones. El arroz, luego de una siembra complicada, ahora tiene un panorama que viene mejorando, tuvo buenos rindes, la suba del dólar ayuda y los precios internacionales vienen mejorando, con una demanda que está más activa. Tenemos expectativas con una suba del área. Eso sería muy importante, porque se trata de un cultivo que realmente derrama mucha actividad laboral en zonas donde no hay muchas alternativas. El arroz es un cultivo clave para muchas zonas productivas, y sería muy importante que subiera el área.

TARJETA PERSONAL

Ignacio Buffa es ingeniero agrónomo, tiene 41 años, y se ha desarrollado profesionalmente vinculado a la generación y análisis de información del sector agrondustrial. Ejerció la docencia en la Universidad ORT Uruguay, fue coordinador agrícola-ganadero de Fucrea, técnico sectorial transversal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), y ha integrado los equipos técnicos del Partido Nacional desde hace más de ocho años.


NOTA DE REVISTA VERDE N° 85