Montevideo, 9 de Abril 2020

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Agricultura

Experiencia con la interacción arroz-soja en el Este de Uruguay

Edison Chagas, segunda generación de productores arroceros, siembra 1.130 hectáreas entre arroz y soja, mayoritariamente en campos arrendados, en la zona de Rincón de Ramírez, en el departamento de Treinta y Tres.

“Soy hijo de productor arrocero, me crié en el campo, en las chacras de arroz. No viví la experiencia de los años 80, cuando se sembró soja en la zona, pero ahora sí. Después del año 2010 empezamos a producir arroz y soja”, dijo al comienzo de su charla con VERDE.

Este año el productor sembró 230 hectáreas de arroz, aunque había proyectado 320, meta que no pudo alcanzar por las lluvias. Fue por eso que en unas 90 hectáreas, donde se planteaba sembrar arroz, finalmente sembró soja. El área que destinó a la producción de oleaginosa en su empresa, este año se ubicó en unas 900 hectáreas.

“En estos campos arroceros, la interacción arroz-soja es fundamental”, planteó. “Siempre les digo a los productores que el sistema tiene que ser económicamente viable, hay que buscar la rentabilidad. Independientemente de los beneficios que la soja aporta al sistema y al arroz, el cultivo tiene que pagarse, tiene que ser viable”, sostuvo.

Para remarcar esa filosofía, agregó que “los costos que genera la soja los tiene que pagar la propia soja”, y por más beneficios que le genere al arroz, si se pierde dinero haciendo soja nadie la va a sembrar.

Agregó que “esa es una visión que muchos productores tratamos de cambiar”, porque “no se puede sembrar soja para cosechar 2.000 kilos por hectárea, solo por los beneficios que trae al sistema, hay que tratar de buscar rentabilidad para la empresa con ese negocio”.

Consultado sobre el punto de equilibrio de la soja, dijo que en su caso está entre 1.800 y 2.000 kilos por hectárea, sin considerar la renta. “Tenemos un flete muy alto hasta Montevideo, que nos complica bastante el negocio”, admitió.

Chagas comenzó a trabajar con este sistema arroz-soja en el año 2012. Recordó que pasó por años de sequía y otros con excesos de lluvias, pero que el rendimiento promedio se ha ubicado en unos 2.750 kilos por hectárea; mientras que en arroz ha obtenido unos 9.000 kilos por hectárea de promedio.

“En los campos arroceros trato de hacer 50% del área con arroz y el otro 50% con soja, pero ya tuve años con más arroz que soja. Lo ideal sería hacer 75% de soja y 25% de arroz; y si pudiéramos hacer arroz después de dos o tres años de soja sería perfecto, porque las mejores producciones de arroz se logran en rastrojos de más de dos años de soja, ya que hay menos presión en el uso de herbicidas. Y en invierno sería ideal hacer raigrás con un pastoreo”, comentó.

También destacó que la soja “permite ahorrar el principal costo, que es la preparación de las tierras, que es cercano a los US$ 100 por hectárea. Después hay un ahorro en herbicidas que está en el entorno de los US$ 30 o US$ 40 por hectárea”.

Agregó que el costo del laboreo para hacer soja luego de un cultivo de arroz está entre US$ 80 y US$ 100 por hectárea, que lo paga la soja. Eso eleva el punto de equilibrio a 2.200 o 2.400 kilos por hectárea, y “por eso lo ideal sería que ese costo se diluyera en dos años de soja o más”, explicó el agricultor.

Comentó que este año no pudo hacer maíz porque la planificación se vio alterada, entre otras cosas, por el clima. “Es un cultivo que exige hacerlo bien y sembrar temprano”, dijo.

En años anteriores obtuvo en promedio rendimientos de 8.500 kilos por hectárea. Señaló que, en la zona, el maíz se hace preferencialmente en campos de lomadas, donde se ubica el 45% de las áreas agrícolas de la empresa. La producción agrícola de secano en campos arroceros ocupa el otro 55% del área.


LA NOTA COMPLETA EN REVISTA VERDE N° 82