Montevideo, 19 de Junio 2019

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Agricultura

El renacer del negocio agropecuario con el protagonismo de la ganadería

Estancia y cabaña El Cerro, de la familia argentina Viganó de Narváez, aprovechó el contexto adverso del verano pasado para realizar una reestructura y salir fortalecida

Miguel Viganó de Narváez y su familia son argentinos, y tienen inversiones en Uruguay desde la década de 1960, mientras que su círculo familiar más cercano está en el país desde 1983. «Hace mucho que estamos en Uruguay, nos gusta mucho y si tenemos un peso para invertir, Uruguay sale más beneficiado que Argentina. Vemos a Uruguay con buenos ojos para seguir trabajando aquí, invirtiendo y empujando», dijo el empresario al ser entrevistado por VERDE en el marco del remate anual de cabaña El Cerro, donde ofreció genética Senepol, Senangus y Angus.

En ese establecimiento ubicado en la zona de Fray Bentos, en Río Negro, su generación fue más protagonista en la toma de decisiones. Allí están produciendo hace unos 15 años, y el duro golpe que sufrieron con la sequía del verano pasado los llevó a realizar una reestructura que ya dio sus buenos frutos, señaló.

Anteriormente se daba en arrendamiento la mitad del área agrícola pero ahora decidieron producir en todo el predio. «De las crisis sale algo bueno. A esto lo tomaremos como una crisis, y como podemos seguir adelante consideramos que fue algo positivo. Es como si arrancara un nuevo partido, pero ya tenemos un montón de partidos jugados, lo que nos da experiencia», señaló.

Admitió que la empresa tuvo que hacer una reestructuración, un ajuste de costos, dejando de lado los superficiales y enfocándose en el corazón de la producción. «Debimos mirar bien cada número, trabajar de una forma mucho más fina en las cuentas. Nos sirvió mucho para darnos cuenta cuál es el equipo que funciona y hoy tenemos un equipo que puede jugar en primera en cualquier lado», comentó respecto al grupo de asesores y al personal.

Viganó opinó que el negocio agropecuario en Uruguay está como en un renacer. «Pasó la oleada de que todo sirve, todo vale, cuando el precio tapaba todo se podían correr las fronteras para hacer agricultura en zonas baratas. Estábamos todos montados sobre una ola que nos llevaba a buen puerto, que era algo buenísimo, pero que ya pasó», dijo.

Agregó que esa ola pasó pero dejó un mar de fondo importante, pero los que pudieron sacar la cabeza a la superficie y seguir nadando continuarán en un mar mucho más limpio.

«Se purgó mucho, quedará aquel que trabaje bien, que pueda ser eficiente. No digo que nosotros seamos los más eficientes y ordenados, pero esto nos obligó a ser más eficientes y cuidadosos de lo que éramos, sobre todo cuidadosos en los procesos, algo que nos hace bien», reconoció.

Este año en El Cerro la firma propietaria del establecimiento se está encargando de toda la producción agrícola, y en ese marco está experimentando con el cultivo de lupino, del que sembraron unas 100 hectáreas. «Tiene una chaucha parecida a la de la soja, pero se produce en invierno, y se está testeando en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República para forraje. Nuestra idea es usarlo como forrajera», indicó el empresario.

En invierno también se sembró trigo, cebada y avenas de cobertura por los puentes verdes. «En agricultura no hay mucho para inventar. Lo de los lupinos es una excelente experiencia de invierno, para buscar nuevas alternativas, pero el grueso sigue siendo trigo, cebada, soja, maíz y sorgo», dijo.

Este verano la firma sembrará un área importante de soja, además de maíces tardíos, sorgo forrajero para picar para el corral y también sorgo grano.


Lee la nota completa en Revista Verde N° 74