Montevideo, 18 de Setiembre 2019

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El MGAP “debería ser una secretaría” del Ministerio Economía y Finanzas

Gonzalo Gutiérrez reclamó ir hacia una administración más liviana, pidió autocrítica sobre trazabilidad y dijo que el área de soja debería ser de unas 700 mil hectáreas

El actual escenario agrícola “asusta un poco”, expresó el ingeniero agrónomo Gonzalo Gutiérrez. El consultor explicó que dadas diversas realidades (ajustes en las áreas, secuencia de campañas adversas y dificultades financieras, por ejemplo) existe un círculo “bastante perverso” y lo que más preocupa es que no se distingue un camino de salida. La necesidad de obligatoriedad de un seguro catastrófico de clima y los riesgos que establece no disponer de la información adecuada fueron otros aspectos que abordó.

También mencionó la importancia de que Uruguay disponga de “una oficina que piense para adelante”. La falta de autocrítica sobre el valor real de la trazabilidad y los planes de uso y manejo del suelo también fueron considerados, al igual que el del peso del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que debería achicarse y ser una secretaría del de Economía y Finanzas, dijo.

Gutiérrez, en otros aspectos, visualiza un área sojera de equilibrio en no más de 700.000 hectáreas y remarcó como un debe del sector agropecuario que “no posee una representación política fuerte”.

“Me asusta un poco”, respondió cuando se lo consultó sobre el momento de la agricultura. Dijo que está en un proceso de ajuste, que es hijo de varios factores. Detalló: el precio, la dificultad en expresar productividades consistentes, los costos de producción y una coyuntura de país que en términos de tipo de cambio no ayuda mucho.

El consultor expresó que el arroz viene en un proceso sistemático de caída, que en los últimos tres años lleva una baja del 25% del área sembrada, en un cultivo que ubica a Uruguay en niveles récord de productividad a nivel mundial.

En soja se está en el entorno de 900.000 o 950.000 hectáreas, cuando se llegó a plantar hace poco más de 1,3 millones de hectáreas; en trigo y en cebada se repuntó un poquito con la producción del último año, pero se venía de una secuencia de cinco años de caída; y la colza no logra superar el área de 40.000 o 50.000 hectáreas.

«Eso dice que el esquema sobre el cual había crecido la agricultura, de precios ridículamente altos, con rendimientos mediocres que se sustentaban en parte por esos altos precios, está llegando a su fin”, admitió.

Círculo perverso

La realidad obliga a volver a ver alternativas, en una agricultura bastante complicada desde el punto de vista financiero, donde no aparecen las necesarias soluciones de mediano plazo. «Por eso terminamos en un círculo bastante perverso y lo más preocupante es que no se ve bien cuál es el camino de salida”, comentó.

Sobre cuáles pueden ser esas soluciones, afirmó que “mediano plazo quiere decir que cualquiera que sea la situación que intentes implementar tiene que tener un horizonte temporal de tres a cinco años”, porque en ese período siempre ocurre alguna adversidad climática, porque las dinámicas de precios que se están viendo no se expresan de un año para el otro y porque no se le puede pedir al productor que hace todo a cielo abierto y que depende de cuánto llueve o no para levantar una cosecha que en un año arregle todos los problemas.

“No hay que olvidarse que llevamos cuatro zafras complicadas y eso no se arregla en un año”, expresó.

Gutiérrez entiende que los actores tienen muy claro el problema. Por un lado está el sistema financiero formal, que no tiene una exposición muy grave a la agricultura, por lo menos no a nivel primario, sí a nivel de generadores secundarios, donde se le traslada el problema al agricultor. Todo eso, indicó, “termina en una tasa financiera que te mata”.

Por otro lado, mencionó la existencia del “financiamiento en las sombras”, aludiendo a barracas y escritorios que financian agricultura “andá a saber con qué garantías contra el productor”.

Concluyó que al final del día lo que importa es que el Poder Ejecutivo, todos los actores y toda la clase política, deben entender que “las cuentas no dan” y que “si hay que endeudarse para hacer un cultivo es porque no hay caja como para hacerlo, y si no le va bien (…), si está en rojo, lo salva la productividad o un pico de precios”.


Lee la nota completa en Revista Verde N° 75