Montevideo, 25 de Agosto 2019

  • °
  • H %
Agricultura

Eduardo Díaz: “Tengo expectativas de que la ecuación económica mejore, por un ajuste de los costos internos”

Eduardo Díaz, gerente de Cargill en Uruguay, planteó que dragando el canal del puerto de Montevideo a 13 metros de profundidad, se obtendría una importante mejora en la competitividad de la agricultura.

Las perspectivas del sector agrícola, las oportunidades productivas y de negocios, considerando además las limitantes existentes que tiene Uruguay, tanto de costos como de déficit en la infraestructura, fueron analizados en esta entrevista de VERDE con el gerente general de Cargill, Eduardo Díaz.

¿Cómo observa este momento de la agricultura?

Venimos de una campaña que dejó muy buenos resultados en todos los cultivos. Soy optimista con el futuro que tiene el negocio, pero también realista. Somos productores de alimentos y se habla que sobre el año 2050 vamos a enfrentar una demanda muy importante por la cantidad de habitantes que tendrá el planeta. Pero la realidad es que en el corto plazo es difícil de ver eso, porque la producción crece, se ajustan las tecnologías y aparecen zonas agrícolas con potencial, como ha ocurrido en los últimos cinco años en Brasil, que le agregó una competencia fuerte a Uruguay. Pero también se dan hechos como la peste porcina y eso demuestra que pueden haber eventos que alteren los ritmos de oferta y demanda. Con lo cual tener producciones ambientalmente sustentables, con un equilibrio ecológico como el de Uruguay, es algo que lo beneficia. Más allá de los vaivenes de precios como los que hemos tenido, soy optimista. Pienso que en el mediano plazo las cadenas productivas de Uruguay tenderán a una mayor competitividad y vamos a encontrar la ecuación para darle viabilidad a la producción. Si bien es cierto que la soja fue el cultivo más importante, por lo que generaba desde el punto de vista económico, esto es un sistema de producción. Y la realidad es que hay momentos en que se pueden incorporar variables con buenos resultados, como pasó con el trigo, la cebada, el maíz o la colza. Esos buenos resultados incentivan el crecimiento de las áreas y eso es algo que se necesita para bajar costos a lo largo de la cadena. Indudablemente la soja seguirá siendo el tractor del sistema agrícola, pero necesitamos diversificación.

¿La agricultura en Uruguay ya alcanzó un equilibrio en superficie?

Cuando hicimos el estudio de negocio para Uruguay vimos que, por disponibilidad de suelos, para soja hay un potencial de 1,5 millones de hectáreas. Lo que ocurre es que hay deficiencias de infraestructura para poder llegar a esa área. Hay déficit en rutas, caminos y caminería interna en los predios, que hacen difícil desarrollar el cultivo en algunas zonas. Pero hay suelos disponibles para llegar a esa cifra y si hay valores del producto que lo permitan, creo lo vamos a alcanzar. Tengo la expectativa que la ecuación en algún momento mejore por un ajuste de los costos internos. No pienso que Uruguay vaya a transformarse en un país barato. Pero en algún momento deberíamos tener combustibles con precios competitivos, y eso mejore los márgenes que permitan hacer inversiones para acceder a predios donde hoy resulta difícil sembrar y cosechar.

¿Por qué Uruguay en los últimos cinco años perdió 26% del área de soja y Brasil ganó un 16%?

Ese efecto claramente responde a la ecuación económica. A la relación de costos de producción y el valor del producto, no hay otra explicación. Desde 2012 Uruguay ha venido ajustando el área agrícola y Brasil ha estado creciendo. Pero no crece en predios cercanos a los puertos, como en Uruguay, donde los más lejanos están a 300 kilómetros. Brasil crece en zonas que están a más de 2.000 kilómetros de los puertos, con rutas que hace poco comenzaron. Se ven inversiones que han incrementado la disponibilidad de los puertos en el Arco Norte y también en los del sur. Pero si miramos los números de producción de soja y maíz de Brasil impresionan.

¿Qué explica la pérdida de la ventaja competitiva de estar al lado del mar?

Algo que incidió fuertemente en el sector agrícola es tener un combustible caro, no me cabe ninguna duda. La agricultura es la producción de un commodity, que tiene gran demanda de combustible por tonelada producida, para sembrar, cosechar, pulverizar, transportar, y por eso tiene un alto impacto en el costo producción. Además, el tener un tipo de cambio bajo durante un periodo cercano a 10 años y pagar un alto precio en dólares por el combustible, cuando bajó el precio de la soja la ecuación económica se complicó. No encuentro otra explicación. De hecho, el primero que sufrió esa situación fue el trigo, que redujo su área al litoral, y un año más tarde comenzó a ajustarse el área de soja. Espero que en algún momento, como todos los ciclos de las cosas, la ecuación económica permita tener un área de 1,5 millones de hectáreas de soja, para la que tenemos las inversiones en logística, con camiones, acopios y puertos.

¿Y para el resto de los cultivos?

Creo que también se podrá ver un incremento en el área de maíz, la demanda interna en Uruguay está traccionando. El año 2018, entre las 800.000 toneladas importadas y la producción propia, el consumo de maíz estuvo cerca de 1,2 millones de toneladas, eso demuestra que hay demanda local. Este año, entre maíz de primera y de segunda, probablemente estemos en más de 1 millón de toneladas de producción, con rindes y valores que dejan una ecuación positiva. Frente a esto y las perspectivas de la carne, se genera una expectativa que seguramente se refleje en incremento de área. Por otro lado, el maíz tiene una incidencia positiva en el cultivo posterior. Claramente hay una mejora del ciclo agrícola al incrementar el área de maíz.

¿Cómo está el aspecto logístico?

Si tomamos una producción de 3 millones de toneladas de soja, con las inversiones realizadas en eslabones donde teníamos los cuellos de botella, como los puertos y las descargas, estamos holgados. Incluso podemos aumentar la producción un 50%, o sea alcanzar 4,5 millones de toneladas de soja y no tendríamos problemas. Además, si el país llegara a unas 200.000 hectáreas de maíz, algo que ya se vio en la historia reciente, manteniendo los actuales niveles de consumo interno, se podría exportar algo más de 200.000 toneladas sin problemas, porque no se solapa con la exportación de soja.

¿Y los ingresos a los puertos?

Los ingresos a los puertos son mejorables, hoy se están realizando inversiones en el acceso principal al puerto de Nueva Palmira. Ahí falta prestarle más atención a las calles circundantes, que tienen un estado muy precario. Por esas calles se mueve mucha carga de las plantas de esa zona.

¿Hay dólares por ganar en ese punto?

Entiendo que sí, es un ejercicio que debemos realizar continuamente. Al estar produciendo para vender al mundo, donde la competencia es feroz, no hay espacio para dilapidar un dólar.

¿Dónde tiene más dólares por ganar la cadena agrícola?

En algún momento se perdía mucho dinero con las esperas de barcos, eso se solucionó. Además, se mejoró la capacidad de los muelles y los barcos salen con más volumen. Donde se puede mejorar es en el costo de elevación de los puertos. Si nos comparamos con Argentina estamos más caros. En Nueva Palmira el costo es de US$ 8,5 y US$ 9 por tonelada, mientras que en Argentina es de US$ 6 por tonelada. Es un tema recurrente que hablamos con la Administración Nacional de Puertos (ANP). En un país que aspira a ser un polo logístico regional, los costos son claves. Vemos que a quien embarca soja desde Paraguay, elevarla le cuesta menos en Argentina que en Uruguay. Esa diferencia en cargas a granel es determinante. Somos un 40% más caros, y es un tema que está dado por el costo país, algo en lo que incide claramente la política macroeconómica. Para la producción uruguaya ese mayor costo determina que el productor reciba un menor precio por tonelada. Seguramente está situación ocurra en muchos rubros exportables y en todas las cadenas productivas.

¿Qué otros aspectos cree que se pueden mejorar?

Desde el crecimiento de la agricultura en zonas afluentes a Montevideo, hemos estado trasmitiendo a las autoridades la necesidad de tener en Montevideo un puerto de completamiento. Hoy tenemos un canal de acceso con 11,70 metros, lo que permite salir con marea a 12 metros. Eso le da a un barco Panamax la posibilidad de salir con 60.000 toneladas, cuando perfectamente podría salir con 64.000 o 66.000 toneladas. Esto significa un incremental de costos frente a otro origen desde donde puede salir completo. Aquí tenemos una oportunidad de mejora importante. Para eso es necesario tener 13 metros de profundidad en el canal. Las autoridades nos han comentado que en dos años comenzaría la obra de dragado para llevar el canal a los 13 metros.

Pero el gobierno anunció que este año alcanzaría los 14 metros.

No, y no hay ninguna obra presupuestada para llegar a los 13 metros. Por lo que sabemos, por el tratado del Río de la Plata, para llegar a 14 metros se debe negociar con Argentina. Hoy estamos pagando un flete falso por la menor cantidad de toneladas que se carga. Si tuviéramos un puerto con 13 metros de calado seguramente el nivel de actividad de Montevideo se ampliaría, porque se completaría toda la carga uruguaya y también se podría completar algún barco argentino. Esto es una oportunidad y se lo hemos trasmitido a las autoridades de la ANP. Desconozco el costo que tendría esa profundización del canal, pero para la producción el alto impacto sería muy favorable.

¿El ferrocarril puede tener un impacto importante para la actividad agrícola?

En el corto plazo no visualizo oportunidades para el transporte de granos.

¿Por qué?

Porque el trayecto es Montevideo-Paso de los Toros. El ferrocarril es un medio de transporte que mejora su competitividad a partir de los 400 kilómetros y necesita volumen. Para que el ferrocarril funcione eficientemente debe tener desvíos en las plantas de acopio, así el tren entra y carga. Llevar la producción en camión desde un acopio hasta la terminal del tren, no sirve, es caro. Hay que hacer un desvío en una planta, por ejemplo en Durazno, que tiene un costo de por lo menos de US$ 2 millones. También en el puerto de Montevideo hay que hacer una obra similar, con una inversión muy importante. Además, se debe invertir en material rodante, máquinas y vagones. Un operativo que carga 1.500 toneladas requiere, al menos, una inversión de US$ 2 millones. Para que toda está inversión sea interesante, el flete y el volumen debería otorgar un diferencial importante que lo justifique. Hoy no lo veo como una alternativa atractiva y rentable.

¿Fueron consultados por las autoridades para saber si la cadena agrícola podría utilizar la infraestructura?

En realidad fuimos proactivos en plantear que se permita la carga de granos y eso se logró. Porque si bien hoy no lo vemos como factible, hay que prever que las cosas pueden cambiar, y si en algún momento están dadas las condiciones de mercado, no tengamos impedimentos para utilizarla.

¿Y si el tren hubiese ido a Nueva Palmira, sería más atractivo?

Tengo mis dudas, por lo mismo que comenté anteriormente. Podríamos pensar en traer soja desde Salto, pero los volúmenes no son suficientes para justificar la inversión. La lógica es que en el litoral lo que funcione como medio de transporte sea el río, hay otros que no han funcionado.

¿Por qué no funciona el río para mover granos, cómo debería de funcionar?

Creo que es falta de visión. Lo primero que debe mirarse es quiénes son los que tienen la responsabilidad de generar las condiciones para que alguien pueda invertir y generar una infraestructura eficiente. Hoy se descarga en plantas cercanas a Paysandú y luego se transporta en camiones a la barcaza o la alternativa es, cargar directamente soja húmeda en una barcaza, ambos casos son muy ineficientes y funcionan ocasionalmente. Si Paysandú tuviera la infraestructura acorde se podrían embarcar 150.000 toneladas por el río, pero como están hechas las cosas, hoy se mueven unas 15.000 toneladas.

¿Eso también impactaría en el área?

Debería mejorar la ecuación económica de las zonas agrícolas afluentes.

¿Y Fray Bentos?

Para mí no es viable, porque está muy cerca de Nueva Palmira. Invertir en Uruguay es costoso. Para definir una inversión hay que tener claro su repago y las perspectivas de negocios. Toda nuestra actividad tiene su centro neurálgico en Nueva Palmira, con una infraestructura muy importante y que hoy está sobredimensionada. Nueva Palmira es competitiva, y por lo tanto encontrar ahorros en Fray Bentos es difícil.

¿Y qué hay que hacer con Fray Bentos?

No lo sé. Pero imagino algo sencillo, sin pensar en grandes volúmenes, Se escuchan algunos proyectos, pero creo que no hay una visión estratégica sobre las propuestas. Se proponen cosas alejadas de la realidad de los negocios. Hay que buscar las eficiencias que agregan valor a la cadena y trabajar en base a eso.

¿Cómo está el clima de inversiones en el sector?

Depende de qué lugar de la cadena se mire. El productor siempre está ávido de incorporar e invertir en nuevas tecnologías, nueva genética, nuevos productos, en la búsqueda de mejorar su eficiencia. Pero cuando hablamos de inversiones en infraestructura, en el corto plazo no veo oportunidades. Se han rematado algunas plantas de acopio nuevas a menos de la mitad del precio de construcción. Eso pauta que el mercado no está demandando inversiones en este eslabón de la cadena. Todos estamos en la búsqueda de eficiencia, y seguramente se invierta en lo que implique una mejora de proceso.

¿Qué balance hace la compañía de estos 10 años en Uruguay?

Muy bueno. Si pienso en las cosas que me motivaron a venir, creo que muchas de ellas se han cumplido y muchas tienen que ver con generar la cultura de la compañía en Uruguay. El principal capital que tenemos es el equipo humano que está consolidado, es fuerte, competitivo, con gente que se ha desarrollado, lo que para una compañía como Cargill es crítico. Esta es, sin lugar a dudas, una de nuestras mayores fortalezas. La confianza es un valor y llegar a esto lleva años, y se logra en el marco de la confianza que la compañía depositó en nosotros. Hoy en Cargill Uruguay trabajan 80 personas, y pese a estar geográficamente limitados en extensión agrícola frente a Brasil, Argentina y Paraguay, los resultados son muy buenos. Esto va más allá de los objetivos financieros, tiene que ver también con temas de seguridad, integración, desarrollo de la relación con los clientes, el potencial del equipo de adaptarse; aristas que tienen que ver con la cultura de la compañía.

¿Qué ve la compañía más allá de Uruguay para el agronegocio?

Lo mismo que pensamos todos. Estamos en un sector que tiene que producir alimentos para el mundo, que demanda más, que exige mejor calidad, mejor inocuidad y que sean producidos de forma sustentable, esto a países como Uruguay le abre oportunidades. Estamos en un momento que plantea múltiples desafíos, cambios en la demanda, acceso a los mercados, donde es fundamental tener una rápida capacidad de adaptación. Pero el norte es claro, hay que ser un proveedor confiable de alimentos.

¿Qué incidencia genera el avance tecnológico para el negocio de la compañía?

Mirando el día a día, a veces es difícil visualizar los cambios que se han registrado. Pero al mirar cinco años hacia atrás, vemos que hubo muchos cambios importantes, y por eso creo que es necesario tener una organización flexible, con capacidad de adaptarse rápidamente. La incorporación de tecnología está impactando en temas como el análisis de cosecha, a través de imágenes satelitales. Cada día esta tecnología se ajusta más, lo que permite estimar con mayor precisión la oferta y demanda de forma global, y casi en tiempo real. Se está incorporando el big data para analizar la demanda de productos y servicios, debemos adaptarnos rápido. Los medios de comunicación están siendo disruptivos, un mensaje con una propuesta comercial por WhatsApp llega de forma instantánea a cientos de clientes y sustituyó a la llamada telefónica. Los clientes tienen mucha información y son cada día más demandantes. La incorporación de robots en procesos repetitivos de los centros de servicios está comenzando, el uso esta tecnología seguirá ajustándose y ya muestra resultados disruptivos, dado que aumenta la productividad en 10 veces. La tecnología está impactando en los tiempos de toda la cadena productiva. La compañía esta realizando un esfuerzo importante en adaptarse, tanto en la incorporación de tecnología como en valorizar la capacidad de aprender y adaptarse de las personas. Cargill siempre estuvo vinculada a la originación de granos, venta y prestación de servicios. Hoy suma toda la línea de insumos y un área focalizada en el manejo del riesgo para el productor, donde hay mucho espacio para colaborar y crecer

¿Qué tan competitiva es la plaza uruguaya para el comercio de granos?

Es muy competitiva. Al ser una plaza chica y con distancias muy acotadas, es relativamente fácil entrar al mercado uruguayo y eso se ve en la lista de exportadores. Es sencillo vender FOB desde Uruguay. Es un mercado en el que tenés que ser muy activo, no alcanza con tener inversiones y plantas de acopio, hay que tener bien analizado el caso de negocio y contar con un buen manejo de la estructura de costos, dado que el costo por unidad es alto. Es un mercado con el liderazgo de cuatro o cinco empresas compitiendo fuerte, muy agresivas a la hora de comprar y con volúmenes de oferta concentrados, lo que demanda tener un buen equipo de personas para ejecutar y de forma eficiente poder competir.

¿Y esa competencia hace que los granos se tengan que pagar más que en otros países?

Es difícil de determinar eso, porque no tenemos una industria de volumen. Tal vez en una geografía que sí la tenga, se permita en algunas ocasiones mejorar los precios. Lo que puedo afirmar desde el punto de vista de la exportación de granos, es que el precio que recibe el productor en Uruguay es el más competitivo y transparente de la región, porque no tenemos retenciones ni otros impuestos que distorsionen el mercado.


Lea la nota completa en Revista Verde N° 78