Montevideo, 13 de Agosto 2020

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Agricultura

Cultivos de invierno son claves en la diversificación y rotaciones agrícolas

22 mayo, 2020

22-05-2020 | En Agropecuaria del Litoral, como en otras empresas, se hicieron lugar en el sistema, además de trigo y cebada, colza, carinata y especies forrajeras, con diversos beneficios

Los cultivos de invierno fueron claves para la diversificación agrícola. Hasta hace algunos años en la mayoría del Uruguay la actividad agrícola dependía casi exclusivamente de la soja, y del trigo en invierno, “pero eso fue cambiando”, reflexionó Federico Frick, responsable de Operaciones de Agropecuaria del Litoral.

“Hoy la soja sigue teniendo un rol preponderante por superficie, pero se ha diversificado muchísimo, principalmente en los cultivos de invierno y también con el crecimiento del maíz”, comentó a VERDE.

Repasó que hace algunos años “el trigo representaba el grueso de la agricultura de invierno con casi 700.000 hectáreas, pero se volvió muy riesgoso por el peso que tenía en las empresas y por la falta de ajuste que había en las variables de manejo, que lo hacían aún más riesgoso ante un año malo”.

Pero destacó que “hoy estamos parados de otra manera, y si bien un año climáticamente malo puede afectar mucho el rendimiento y la calidad, el impacto no es tan grande como antes”. Admitió que también se han realizado ajustes en el sistema, las cosas se están haciendo mejor, hay más conocimiento de los ambientes donde se siembra, en parte porque se está sembrando un 30% del máximo de superficie que se alcanzó en 2011.

“El manejo no estaba demasiado ajustado por variedades, fechas de siembra, fertilización y demás. También se fueron sumando los años de agricultura, que producen un deterioro en la capacidad productiva de los suelos. Todo ese combo hizo que el trigo, que era el corazón del invierno, se volviera muy riesgoso”, señaló.

También recordó que la tonelada de trigo llegó a venderse a US$ 350, “y cuando el precio volvió a niveles más razonables, se tornó un cultivo con un rendimiento de equilibrio altísimo, al igual que el riesgo”.

Por otra parte, señaló que la cebada se ha mantenido, con sus particularidades de cadena. “Siempre fue un cultivo que estuvo básicamente en manos de dos jugadores (Maltería Uruguay y Maltería Oriental), que tiran de la cadena, y eso tiene limitantes, porque no es un commodity con todas las letras, ya que uno siempre está pendiente de las necesidades de las dos empresas y hay intereses encontrados entre el productor y la industria en cuanto a las variedades. A nuestro modo de ver, esa es una limitante y caminamos al filo”, planteó.

Sostuvo que, ante todo este panorama, “se necesitaban otras opciones”, y así fue que se hicieron lugar colza, carinata y otros cultivos que los productores fueron incorporando a las rotaciones, así como semilleros de raigrás y de otras especies forrajeras.

Destacó que actualmente “el plan de siembra de invierno tiene cinco, seis o siete cultivos, de los cuales no todos tienen la misma participación, pero los huevos ya no están en dos canastas como antes, una grande y otra chiquita, como con el trigo y la cebada; ahora son varias las canastas”.

Eso, sumado a la mejora del manejo y el ajuste de los sistemas, hizo que la intensificación volviera a crecer y tenga otro auge en estos años. Pero Frick remarcó que “es diferente a la etapa anterior, porque tiene más patas, está mejor apoyada que antes”.

Destacó que ahora “hay más conocimiento y también más jugadores”, porque los mercados “se han ido haciendo”. Recordó que, en un principio la colza era demandada solo por Alur. “Muchas veces se le han criticado algunas cosas a Alur, pero hay que reconocerle que haber fomentado el área de colza le hizo bien al sistema. Hoy con el área consolidada hay más jugadores comprando el grano, y seguirá creciendo. Los exportadores están interesados, se están metiendo en el negocio, así que parece ser algo que va ganando solidez y transparencia a nivel comercial, y se posiciona en otro nivel”, valoró.

En el caso de Agropecuaria del Litoral, dijo que “las brássicas vienen siendo más importantes que las gramíneas”. En los planes de siembras de invierno de los últimos tres años “tenemos más participación de canola que de gramíneas de invierno”, destacó.

Agregó que “cuando dejamos de mirar al cultivo como algo aislado y miramos la secuencia, la colza-soja de segunda viene siendo muy buena en términos de productividad y margen, aportando mayor resultado al sistema, con un riesgo que en su momento era percibido como alto, pero hoy nos damos cuenta de que es más bajo de lo que pensábamos”.

Considera que “con estos niveles de precio, es más riesgoso hacer trigo-soja que hacer canola-soja”, y desde el punto de vista de los resultados, “cuando el escenario es malo y se alinean los planetas hacia un lado, te deja mejor parado una secuencia colza-soja que gramínea de invierno-soja”.

Más colza

Frick también señaló que la empresa trata de hacer “la mayor cantidad de colza que la rotación permita, por las restricciones que tiene”, no es conveniente sembrarla durante dos inviernos seguidos en la misma chacra, “lo ideal de las brássicas sería saltearse dos inviernos por temas sanitarios”, señaló.

Otra cuestión a tener en cuenta es la vinculada con los herbicidas y el residuo que pueda quedar en la chacra para la especie siguiente, ya que un herbicida usado en verano puede tener efecto en el cultivo que viene, y la colza es susceptible a varios de ellos.

“De esa manera uno va definiendo el plan de siembra, pensando en los ambientes que están aptos para canola, o si es mejor que lleven gramíneas de invierno o algún otro”, comentó.

El área de gramíneas de invierno se hace después de canola, porque es un buen antecesor de trigo y cebada. “Este año que inicia tendremos un poco más de todos los cultivos de invierno, quizá aumenten más porcentualmente las brássicas”, señaló.

Cierre de año

Si bien aún no conocía el margen del año que está terminando, porque aún restaba cosechar la mitad del área, Frick señaló que “se derrumbó la expectativa respecto a principios de marzo. El resultado está dado por la secuencia entera, y lo que aporta el cultivo de invierno, que podrá ser poco, algo o nada significativo, pero siempre es una parte menor, porque el grueso del resultado viene en verano. Esa parte todavía no la conocemos, pero sabemos que sea cual sea el resultado de la soja, nuevamente será mucho mejor el doble cultivo que la soja de primera”.

El área de soja de primera de Agropecuaria del Litoral viene bajando. El año pasado fue del orden del 40%. “Fue particularmente alto, producto de las circunstancias, no del plan, porque tuvimos el efecto de tomar algunos campos ya entrado el invierno, con lo que aumentó la participación de los cultivos de primera”.

Pero para este año, el plan es darle una mayor proporción al doble cultivo, para que se ubique alrededor de 65% o 70% del total. “Espero podamos cumplir el plan que es ambicioso. De ese porcentaje para abajo, frenamos cuando las circunstancias nos obligan, como el clima, la fecha de siembra, o alguna otra eventualidad”, explicó.

Los costos

El responsable de Operaciones de Agropecuaria del Litoral destacó que “los costos para el año que inicia son alentadores”. Agregó que “hace tiempo no se veían costos en baja de forma consistente. Es muy difícil ver algo que suba, y veremos cuáles se mantienen dentro la estructura de costos. Pero los insumos, fertilizantes y agroquímicos, han tenido una baja importante, que se ubica en torno al 15%, por hacer una generalización”.

Analizó que en el costo del flete también habrá alguna baja, que “de hecho ya se dio para la cosecha de soja”. Además, estimó que, considerando el valor del dólar y la situación actual, “es probable que la baja se mantenga en el tiempo”.

En cuanto al costo de las labores admitió que es más difícil que bajen en igual proporción, porque “los contratistas no han tenido demasiado margen en los últimos años, y la estructura de costos está bastante dolarizada. Con la suba del tipo de cambio van a tener un margen de baja, pero no va a ser en niveles muy importantes, no me imagino un 15% de baja en las tarifas”.

También señaló que el precio de la urea bajó algo respecto al año pasado, pero mínimamente. Planteó que los fertilizantes nitrogenados, que son los que deberían estar más asociados al precio del petróleo, no bajaron en la misma magnitud que el barril de crudo; “pero potasio y fósforo bajaron de forma muy significativa, y muestran precios que hace al menos 10 años que no veíamos”, admitió.

Los precios

El punto de partida, desde los costos, es bueno para los cultivos de invierno, y “los precios, si bien no son espectaculares, tampoco son malos. La cebada puede valer alrededor de US$ 200 por tonelada, es un precio que se puede captar y es bueno”.

Sobre el trigo comentó que “es un micromundo donde de a ratos juega la exportación y también el mercado interno, que está muy concentrado. El precio del trigo es bueno, aunque siempre juega la calidad final, que depende si se puede capitalizar o no. Pero puede ser que para un trigo con calidad panadera estemos en niveles de precios en el eje de US$ 190 por tonelada. Se puede esperar ese precio para el año que viene, porque son valores que hoy (29 de abril) uno los puede tener”.

De todos modos, admitió que “a priori, el número del trigo nunca es muy bueno, pero dentro de lo magro que generalmente es el margen, esta zafra que comienza puede ser una de los mejores de los últimos años”.

Frick dijo que es costumbre que el rinde de equilibrio del trigo, incluyendo alquiler del campo, sea de unos 4.000 kilos por hectárea, aunque hubo años en los que fue necesario producir más que eso para cubrir los costos, pero admitió que “este año posiblemente se ubique en los 3.600 kilos por hectárea”.

“Si lo analizamos como unidad, sin considerar el cultivo de segunda, y absorbiendo la mitad de la estructura, la mitad de la renta, algo que es arbitrario pero que normalmente se asume, son valores razonables”, reconoció.

En colza varios planes comerciales toman como referencia la colza en la pizarra europea Matif (la bolsa de valores de París). “Es una referencia bastante estable. Después cambian las primas y el valor del euro, que viene bajando, y eso hizo que el precio de la colza este año esté levemente más bajo que en años pasados; pero sigue siendo un precio interesante, de US$ 340 o US$ 335 por tonelada, con la posibilidad de captar alguna suba en momentos de oportunidades, donde se puede conseguir US$ 350”, indicó.

En ese caso, el rendimiento de equilibrio del cultivo debería ubicarse entre 1.600 y 1.800 kilos por hectárea, dependiendo del arrendamiento, del paquete tecnológico y demás.

Rendimientos de invierno

En la zafra pasada el trigo estuvo en el eje de los 4.000 kilos, fueron 500 kilos menos que el año anterior, donde la empresa tuvo su mejor año con el trigo.

Y en colza, al haber aumentado mucho el área, Frick reconoció que a la empresa le costó estabilizar rendimientos altos. Pero planteó que eso no siempre es un dato malo, sino que habla del crecimiento en superficie, ya que el cultivo va a ambientes donde antes no se había sembrado. “No crecen los rendimientos, pero se los logra estabilizar, y eso es ver el medio vaso lleno. El año pasado terminamos cerca de los 1.800 kilos por hectárea, y el anterior en 2.000 kilos”, señaló.

Dijo que el rinde de colza proyectado para el próximo año, en un área importante, es de 1.800 kilos por hectárea de promedio. “Nos parece un cultivo que aporta mucho, porque la soja de segunda después de colza casi no tiene diferencias de rendimiento respecto a la soja de primera”, sostuvo.

Próximo verano

El plan de siembra de Agropecuaria del Litoral para el próximo verano está definido, pero siempre surgen muchos cambios sobre la marcha, admitió Frick.

Tenemos un área proyectada para maíz que es creciente, por la implementación de sistemas de riego. Pero, en la medida que esos sistemas no se implementen por alguna razón operativa, porque los proyectos no estén en funcionamiento o porque no haya área, se verá si se completan.

También dijo que habrá que ver las perspectivas climáticas del próximo año. “Parece que se encamina a ser un año Niña, pero es muy temprano y eso puede cambiar”, comentó.

Agregó que, si se confirma el pronóstico, y “si es una Niña muy marcada, habrá que adaptar el plan de siembra, porque el maíz en ese tipo de años sufre mucho, por la falta de agua en diciembre y enero. No así en un año como este, cuando las lluvias faltaron desde mediados de febrero y marzo, y eso permitió que en muchas zonas el maíz de primera escapara al problema y lograra rendimientos buenos en muchos casos”.

Al respecto, agregó que hubo lugares donde se cosecharon 4.000 kilos de maíz por hectárea, pero en otros rindió 8.000 kilos por hectárea. “En un año en que la soja va a dar los resultados como los que vemos, el maíz demuestra que es una buena alternativa si se encuentra el manejo y el tipo de campo correctos”, consideró.

En este año agrícola que concluye, Agropecuaria del Litoral sembró 9.000 hectáreas físicas. “El año que viene probablemente sembremos un poquito menos, por un tema de contratos y algún campo que se va. Son movimientos que responden a lo normal, tal vez sean unas 500 hectáreas menos”, informó el responsable de Operaciones.

La empresa desarrolla su producción desde Ombúes de Lavalle hasta el sur de Quebracho, pasando por el norte de Soriano, Young y la zona cercana a la ciudad de Paysandú. Frick comentó que Agropecuaria del Litoral siempre tuvo ganadería, pero en un área bastante acotada respecto al total, unas 500 hectáreas.

Fideicomiso para comprar 7.000 hectáreas

Agropecuaria del Litoral está en proceso de compra de unas 7.000 hectáreas de campos con perfil agrícola a través del fideicomiso Tierras del Litoral. “Todavía no adquirimos la totalidad de hectáreas que estaban previstas, queda una tercera parte de la inversión.  Ahora estamos muy abocados a los proyectos de riego, y esperando alguna oportunidad para terminar la inversión. Nuestra meta es comprar la totalidad este año; no es una obligación, pero sí el objetivo”, dijo a VERDE el responsable de Operaciones de Agropecuaria del Litoral, Federico Frick.

De esas 7.000 hectáreas (son aproximadas, el área final dependerá del valor) del fideicomiso, se van adquiriendo unas 4.300, las que ya se incorporaron al trabajo de Agropecuaria del Litoral. Comentó que los campos tienen alrededor de 70% de aptitud agrícola, con lo cual la superficie agrícola del fideicomiso estaría entre las 4.000 y 5.000 hectáreas, “de las cuales aspiramos a regar el 50%”, dijo Frick.

“La ganadería ocupará, una vez concluida la adquisición de campos, en el eje de 2.000 hectáreas. En la actualidad, “básicamente tenemos en un grupo de campos más criadores, y en el resto se realiza recría, se invernan vacas y se hacen diferentes tipos de negocios, según las relaciones de precios, donde también tenemos superficie mejorada. El área ganadera se explota directamente por la empresa, o si es marginal se buscan acuerdos con terceros, un vecino, por ejemplo”, indicó.

Destacó que los inversores del rubro agropecuario no parecen verse tan afectados hasta el momento por la crisis económica que desató la pandemia a nivel mundial, como sí lo están los de otros sectores. “El agro siguió funcionando, con los problemas que tiene hace tiempo, pero sigue. De hecho, los proveedores de insumos siguen vendiendo, los transportistas siguen trabajando, toda la cadena sigue funcionando, a otro ritmo, pero trabajando. La crisis no se ha reflejado en el mercado de arrendamientos, que está muy tranquilo, hay muy poca oferta de campos, sobre todo agrícolas”, comentó.

Consideró que existe la posibilidad de que la crisis se profundice y haya “algún coletazo” que afecte al sector, pero destacó que, “a nivel general eso no se ve muy concreto hasta el momento, sino que la gente está atenta, esperando que pase la tormenta”.


NOTA DE REVISTA VERDE N° 85